1 de octubre de 2011

Gure ITACA...


¿SERÁ NAVEGABLE NUESTRA ITACA?

Josep Antoni Duran i Lleida, Presidente de UDC y secretario general de CiU, publicó hace unos cuatro años un muy interesante libro titulado “Entre una España y la otra” con un prólogo no menos sugestivo de Miquel Roca en la editorial “Temas de Hoy”. Creo que es un libro que vale la pena leer, leer para discrepar, para coincidir, pero sobre todo para conocer los fundamentos sobre los que descansa un posicionamiento político que tiene el coraje de definirse. El libro no sólo trata de Cataluña y de España, sino que nos muestra el contexto mundial en el que nos movemos, hace un repaso de la historia, dando lo que a mí me parece que es su atinada versión de los mismos. No es necesario, obviamente, coincidir con sus observaciones para reconocer la calidad de sus análisis. No rehúye asunto alguno, toma posición en todos y se declara europeísta convencido. Se identifica con el lema “en Cataluña primero las personas”. El libro habla de pacto, consenso, de capacidad de integrar más que de confrontar, pues según el autor para dialogar es necesario escuchar, o sea, atender a las razones del otro y tratar de compatibilizarlas con las propias. Traslado sus reflexiones y su contenido moldeado a la política vasca, viajo de Cataluña a Euskadi. El paralelismo no existe, las coincidencias, algunas significativas, si.

Comienzo por afirmar que Euskadi es una nación. La mía. Me reafirmo en aquello de “Euskotarren Aberría Euskadi da-Euskadi es la Patria de los vascos”. Así lo proclamo y lo sostengo. Y así lo defiendo. Y así lo defenderé consecuentemente, siempre. Y lo intentaré trasladar a un proyecto basado en la realidad. Proclamo que mi último objetivo es la “Burujabetza” del “Zazpiak Bat”. Nunca he negado la parte identitaria en nuestra condición nacional como vascos. Pero, a la vez, nunca he dejado de dudar que un proyecto político que en Euskadi se sostenga solo y únicamente desde la identidad sea un proyecto político dirigido a todas y cada una de las personas que vivan en Euskadi, hablen la lengua que hable, piensen como piensen y hayan nacido donde hayan nacido. No es que mantenga que haya que renunciar a aquello que configura nuestra identidad, sino que es a partir de esa identidad que se puede y debe configurar un proyecto político capaz de generar conciencia nacional en quienes precisamente no la tienen. Soy de los que creen y defienden el derecho a la autodeterminación de los pueblos, que cada pueblo es libre de decidir su camino y su destino. También el pueblo vasco. Derecho que no lo podemos ejercitar al impedirlo el ordenamiento español y francés vigente. Cierto, pero a esta desgraciada circunstancia, deberíamos añadir una reflexión: la de ser consciente que hoy en día, unilateralmente, y sin previo acuerdo negociado y pactado de tal derecho, dividiríamos a la ciudadanía del “Zazpiak Bat” en dos mitades enfrentadas y con posibles problemas de convivencia división que nunca, entiendo, la debería provocar quien precisamente se tiene por nacionalista vasco. Sería una mala idea, un camino equivocado, ineficaz e inútil.

Es más, conviene a mi juicio dejar clorar desde el nacionalismo vasco unas cuantas bases en relación a esta cuestión: de la misma manera que le exigimos a España y Francia respeto a nuestra realidad nacional, debemos de tributar respeto al hecho español y francés. Hoy España y Francia no son entelequias artificiales sostenidas por una dictadura o el imperio de la persecución. Si en Euskadi, además de los nacionalistas que tenemos a Euskadi como nuestro referente nacional, y decenas de miles de ciudadanos que lo tienen también a España y Francia ¿cómo no entender que haya millones de españoles y franceses que sientan que España y Francia son sus naciones y que debemos de respetar sus sentimientos? No cabe frivolizar sobre sus sentimientos, como no aceptamos que se haga con los nuestros.

Dicho esto, entiendo sinceramente que ofrecer a nuestras jóvenes generaciones la supuesta eficacia práctica, en términos de resultados de soberanía, de un “choque” de proyectos, ideas y legitimidades con el Estado para la ruptura del marco jurídico vasco actual, u ofrecerles como futuro próximo la viabilidad del escaparate de la posibilidad real de un utópico imposible de futuro radical e irreversiblemente alejado de la realidad es tanto como suscribir una póliza de segura frustración. Sé obviamente que es mucho mas excitante y atractivo desde la radicalidad nacionalista, de verbo, grito y gesticulación, ofrecer un mañana mismo próximo de independencia de las siete tierras vascas y presentar hoy y aquí un estado republicano vasco soberano separado de España y Francia como factible, próximo, posible, real y al alcance de la mano. Con el espejismo que así se crea se contribuye a generar una fantasiosa “Itaca”, aunque la tripulación de la nave sabe que nunca va a llegar, pero a la cual el pasaje reivindica como norte. Cuantos más escollos aparecen y más inviable es el viaje, mas emotiva y dramáticamente es reivindicada. La reacción no pasa entonces por un proceso de toma de conciencia de la innavegabilidad de los mares surcados, sino por considerar inepta a la tripulación, aunque haya sido la que haya embarcado hacia la fantasía de “Itaca”. No se puede excitar y no consumar, no se puede incitar deseos de un imaginario fantasioso y a fuerza de mostrar falta de concreción e impotencia para rematar, por puro realismo y responsabilidad, permitir que sean otros quienes continúen apropiándose de la fantasía hacia una imposible meta final.

Habrá que huir de los debates estériles, dejar los grandes debates conceptuales y ajustar más la política a aquello que pueda ser de más interés para la ciudadanía. Hablo de una política realista y factible que nos haga más nación, más Euskadi y más sociedad civil vasca, una política alejada de debates huecos y testimoniales planteados enfrente al “otro”.

No propongo ni la claudicación, ni el sometimiento, ni supeditación alguna ni a España, ni a Francia y menos a la UE, al contrario, les demando respeto y que no se impongan por la fuerza, les exijo que acepten democráticamente la legítima realidad nacional, cultural y lingüística vasca, que asuman el euskera como signo de riqueza, que lo promuevan en el interior y el exterior, y en definitiva que acepten la existencia real y efectiva de “lo” vasco y de Euskadi. Confío en Euskadi, y creo en el “Zazpiak Bat”, en sus hombres y en sus mujeres, en su espíritu emprendedor, en nuestra identidad como vascos que somos a ambos lados del Bidasoa, estimo la valía de nuestras gentes, defiendo el derecho que tenemos a decidir y nuestra capacidad inteligente de integración y de negociación. Defiendo la “Burujabetza” en un pacto desde la libertad. Afirmando que Euskadi es una nación. La mía. Mi patria. Así lo proclamo, lo sostengo y lo intento trasladar a un proyecto político basado en la factibilidad y en la eficacia, y ello en coherencia ajustada a la pura y dura realidad.

Y aunque creo firmemente en el paso de buey, en el pragmatismo y en las vías reformistas, en el paso a paso, en la constancia histórica y en la inteligencia del pequeño, en el corazón caliente, la cabeza fría y la mirada a lo lejos, pero siendo también consciente de las emociones que vuelven, y que me temo que volverán a surgir con fuerza, aquí y allá de la piel de toro, termino con una cita de un artículo, muy interesante por cierto, de Jordi Pujol en La Vanguardia del 6 de Septiembre de este año bajo el título “A gente que se asusta”: “… he de confesar a mi amigo -aunque él ya lo sabe- que personalmente, después de más de sesenta años de actuar en muchos terrenos -el de las ideas, el económico, el político, el de la solidaridad con el conjunto del Estado, el político, etc- en un sentido no independentista -más aún, un sentido de lo que hemos llamado un buen encaje de Cataluña en España- ahora ya no tengo argumentos para seguir haciéndolo. Ahora ya tiene sentido pensar que la independencia sería la solución lógica”.

Dicho esto, y por cierto, ¿será navegable nuestra “Itaca” particular?


José Manuel BUJANDA AZURMENDI
Publicado en Noticias de Gipuzkoa
2011.10.01

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