8 de marzo de 2012

Día Internacional de la Mujer.

Hoy, un año más, Día Internacional de la Mujer. Sabéis ya que no me gustan los días D, soy más de echar el resto cada mañana que de reivindicaciones programadas y luchas estereotipadas. No quiero dejarme llevar por prejuicios y menos aún por malos rollos o actitudes extrañas que ni entiendo ni quiero entender, no hay un sólo porqué ni nadie tiene todas las respuestas. Y no estamos solas. De manera que, miro más allá del rosa de mi ombligo, busco y encuentro. Y os hablo con el corazón... 

Este 2012 -el próximo siete de mayo- se cumplen noventa años desde que, en 1922, cincuenta mujeres con criterio, carácter y ganas de empujar se reunieron en Bilbao para oficializar, porque tocaba, porque sí, el nacimiento de Emakume Abertzale Batza. Había que superar el status quo de la época, activar el papel social y público de la mujer e incorporar su presencia al ámbito político. Eran mujeres, vascas y jeltzales, pocas bromas y revoluciones, las justas. Así, la más certera, la que permanece, ésa que se hace paso a paso. Y ellas dieron el primero. Son las Julene, Polixene, Karmele, Miren, Sorne, Haydée, Tere... ellas abrieron en mi casa, que es la de todos, una puerta a la mujer que ya no se cerraría. Y ahí sigue. Y aquí seguimos.


Haydée Agirre, Mª Teresa Zabala, Polixene Trabudua y Julene Urzelay, el 5 de febrero 1934

Somos, como ellas lo fueron del suyo, hijas de nuestro tiempo y, por eso, más reivindicativas, sin duda, pero menos efectivas. Nos pueden las prisas que no la ambición, y el afán de protagonismo, la impostura, la imprudencia. Nos perdemos en debates estériles, en el yoísmo, la burocracia y la improvisación. Hemos hecho de lo anecdótico bandera porque nos falta perspectiva, el corto-placismo se ha hecho dueño de nuestros sueños, el que venga detrás que arrée. O la que venga, que en esto no caben disntingos. Y no me gusta…

Hoy, ocho de marzo, es el Día Internacional de la Mujer, antes lo fue de la Mujer Trabajadora, y antes ni sé. Y celebro las celebraciones, un día es un día. Pero no me identifico con ninguna que no tenga puesta su mirada en el día después, y en el siguiente, y en el otro. Que portar una pancarta no es hacer la revolución. Y ya estamos tardando.  



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