17 de julio de 2012

Ane: tal cual.

"Si me permitís, voy a reproducir en el blog esta carta que me ha enviado Ane, una periodista donostiarra.

Me llamo Ane. Tengo 25 años. Soy de Donostia, la ciudad en la que vivo con mi novio neozelandés, en un pequeño apartamento de alquiler. Me licencié en Humanidades y Comunicación en 2009 y tuve la suerte de empezar como becaria en un periódico, donde aún sigo trabajando.

Hablo euskera, castellano, inglés e italiano (idioma que aprendí durante mi periodo de Intercambio Internacional en Florencia). Me gusta pasar tiempo con mis amigas, viajar y conocer gente nueva, aprender de cada cosa que me rodea o aparece en mi vida, divertirme en mi tiempo libre, salir a cenar o de fiesta y aprovechar cada minuto. Soy abierta, tengo amigos de todas partes del mundo, de diferentes culturas y países. Soy solidaria, consciente de las distintas realidades que existen en el mundo y comprometida con ellas. Me horroriza cualquier tipo de violencia, me parece lo peor. También soy tolerante y cuido del medio ambiente en mi día a día. Estoy bautizada, pero no me considero católica, yo misma he decidido lo que quiero ser y en lo que creer.

Me preocupa muchísimo mi futuro profesional y el mundo que se nos queda a los jóvenes. Quiero llegar lejos en mi carrera y estoy convencida de que podré hacerlo al mismo tiempo que formo una familia, lo tengo clarísimo.

Soy una chica con criterio, que no se cree lo primero que lee en un periódico o se publica en los medios y que busca más allá de la superficie. Pienso que votar no es sólo un derecho, sino una responsabilidad, por eso trato de hacer ver a mi gente (no sólo personalmente, sino también a través de Redes Sociales como Facebook o Twitter) que se debe votar con la cabeza, analizando cada opción, su pasado, su presente y por supuesto, su forma de hacer política.

Soy vasca, es mi identidad, mi cultura, mi país. Pero no por eso odio lo español. Todo lo contrario. Me parece un país y una cultura tan interesante como cualquier otra. Pero no es la mía. En definitiva, soy como cualquier otra persona joven de Euskadi, una más de miles, igualita.

¿A quién crees que voto?

Con una descripción como la que he hecho de mi misma, la mayoría de la gente pensaría que soy una persona de “izquierdas”. Pero no es verdad. “¿Entonces, qué eres, de ‘derechas’?”, preguntarían. No, tampoco. No soy ni de “izquierdas” ni de “derechas” directamente porque ninguno de esos términos tan simplificados puede referirse a nuestra realidad actual. Son dos conceptos que sí podían servir hace décadas, pero que hoy ya están caducados. Primero, porque los valores que supuestamente defendía la “izquierda” ya están asentados en la sociedad y son parte de ella. Son los valores éticos, morales y humanos que hoy por hoy rigen nuestra sociedad y son base de nuestra educación.

Por tanto, no son exclusivos de la autodenominada “izquierda”, sino de todos los ciudadanos. Y si en la sociedad vasca en la que vivimos ya no existe la “izquierda” es automáticamente imposible que se pretenda contraponerla a la “derecha”.

La realidad es diferente, y por eso los partidos ya no pueden clasificarse en “izquierdas” o “derechas”. ¿Y entonces, por qué son los propios partidos los que usan estos términos? ¿Por qué hay partidos que se denominan a sí mismos de “izquierdas”? ¿Por que esos mismos partidos definen a sus oponentes como de “derechas”? La respuesta es sencilla: por puro populismo.

Sí, es así. Como saben que la mayoría de las personas se identifican con esos valores éticos, morales y humanos (que son ya parte de nosotros), los partidos se apoderan de ellos y los usan como arma para ganar votos. Porque ¿quién no se identifica con la tolerancia, la solidaridad, la defensa del medio ambiente, el compromiso con el futuro, etc. hoy en día? ¿Qué joven de hoy no ha recibido todos esos valores en su educación? ¡Es totalmente absurdo!

Y lo más preocupante… Si un partido se define a sí mismo como de “izquierdas” y utiliza ese concepto como su principal arma como contraposición para lograr votos, estamos acabados. Sí. Porque eso significa que no tiene otra cosa firme que proponer que lo que ya tenemos.

No dejemos que nos confundan. Los términos adecuados no son la “izquierda” y la “derecha” Sino el “progresismo” y el “conservadurismo”. Y de repente ¡pum! la clasificación que teníamos hecha hasta ahora cambia. De pronto, un partido que es considerado de “derechas” por la mayoría pasa a formar parte de los “progresistas”.

Es el caso del PNV, que en todos sus años de andadura ha demostrado no sólo defender todos esos valores éticos, morales y humanos que consideramos “de izquierdas”, sino que ha estado por encima de esa estrategia populista, actuando en base a la realidad y sus necesidades.

Nadie puede negar que el PNV sea un partido que trabaja por el progreso de este pueblo. Y no hablo sólo de progreso económico, empresarial, industrial, científico o de innovación, dónde no cabe duda que lo ha hecho (sólo con fijarse en lo que en ese aspecto es el País Vasco, sobran los argumentos), sino también en otros aspectos más de ámbito social. Gracias al apoyo del PNV, los homosexuales pueden contraer matrimonio y las mujeres decidir interrumpir un embarazo que no desean, o quedan cubiertas por las instituciones las necesidades de los más desfavorecidos. Sus decisiones van más allá de la mera ideología. Es un partido realista que toma un camino u otro en función de lo que necesite la sociedad para evolucionar en cada momento.

¿Cuál es el problema entonces? ¿Por qué cuesta tanto darse cuenta de ello? Por dos motivos:

Porque se le ha considerado siempre de “derechas”, por los ideales bajo los que fue creado el partido (recordemos que ha llovido mucho, muchísimo desde entonces) y porque los partidos de la oposición han trabajado y muy duro en trasladar a la ciudadanía ese concepto para ganar votos para sí mismos.

Porque el PNV no se ha esforzado en romper con esa imagen tradicional con la que lo describen el resto de partidos. En la acción es progresista, pero no en la forma de darla a conocer. Usando términos en sus discursos como “fe” en vez de confianza o “senda” en vez de dirección, se echa piedras a su propio tejado. Lo hace también en su imagen, en su forma de organizar eventos, etc. Tiene que ser más actual en las formas, porque la sociedad y la cultura vasca son también más actuales. El arte vasco no son sólo los clásicos o los contemporáneos como Chillida u Oteiza, hay mucho más. Miles de artistas emergentes que están haciendo grandes cosas. Apoyarlos e identificarse con ellos sería lo ideal.

En definitiva, el PNV necesita romper con la equivocada imagen que tiene mucha gente del partido. En este juego, no vale sólo con hacer, hay que mostrar esas acciones y de forma correcta.
Por esta declaración de principios, cualquier persona podría deducir rápidamente que soy progresista. Sin embargo, muy pocos acertarían al contestar a mi pregunta “¿A quién crees que voto?”. Y lo que es peor, estoy convencida -porque lo veo a mi alrededor- de que hay miles de vascos que son exactamente iguales a mí en valores e ideología, en su forma de vivir la vida, pero que no se sienten identificados con el PNV. ¿Por qué? Porque jamás han hecho el esfuerzo de analizar el pasado, el presente y la forma de hacer política del PNV ni del resto de partidos. Se han quedado con lo que les han dicho y han leído y punto.

Así que, la respuesta es sencilla: pónganselo fácil. Muestren su pasado y su presente, su forma de hacer política, háblenles de manera clara, con palabras simples y fáciles de entender, pero sin perder la seriedad (no hay nada más ridículo que un político que trata de hacerse el guay entre los jóvenes). Comuniquen a través de otros canales, como actualmente lo hacen en Facebook o Twitter, muéstrense como las personas normales que son. Y entonces, habrá miles de jóvenes más que confiarán en el PNV por ser un partido progresista que durante todos estos años ha conseguido llevar a Euskadi, honradamente y a base de trabajo, a lo más alto, en todos los ámbitos."

Del BLOG personal de Iñigo URKULLU.
-17 julio 2012-


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