25 de septiembre de 2012

Iñigo Urkullu. En Madrid. Esta mañana...


"Imagino que cuando han decidido acudir a esta cita, lo habrán hecho con el objetivo de conocer la posición del Partido Nacionalista Vasco sobre dos cuestiones de plena actualidad:

- La cuestión económica y nuestra posición ante el previsible rescate, y

- La “cuestión nacional”, tras dos semanas de gran debate público a raíz de la manifestación de la    Diada de Barcelona.


Voy a intentar dar respuesta a ambas cuestiones.

Comienzo por la cuestión económica. Parto del convencimiento de que en este momento, en Euskadi, con su particularidad económica, política e institucional, nuestra prioridad es salir cuanto antes de la crisis.

Nuestra prioridad es poner en marcha, cuanto antes, una Nueva Política Económica que nos permita volver a crecer. Sostener financieramente nuestras instituciones sin caer en el agujero negro del déficit yla deuda. Ycrear empleo. Todo ello manteniendo las políticas públicas esenciales que necesita la sociedad, y amparando, apoyando a las personas y familias, decenas de miles, que están cayendo en el desempleo y temen el desamparo.

Este es el primer elemento, el dominante, de la agenda de mi Partido.

La economía está paralizada por la falta de crédito, consumo y medidas de estímulo. El desempleo aumenta y tambiénla pobreza. Laspersonas que están cayendo en el paro pierden la confianza y la autoestima.

El desánimo colectivo de nuestra sociedad, nos exige a todas-todos tener muy claro cuál ha de ser nuestro principal reto.

Las personas, las familias, las empresas, son nuestra prioridad en este momento.

Quiero comenzar, por lo tanto, desde el análisis del panorama económico que afecta a Europa y a España.

Estamos en una encrucijada.

Estamos, o deberíamos estar, en el momento de decidir qué camino emprende la economía española. Decidir si se deja ayudar y acepta la tutela de las autoridades económicas internacionales y europeas. O si decide emprender su camino en solitario, ajena al respaldo internacional, y previsiblemente abocada a tener que incorporar medidas de la misma dureza, o mayor, por no contar con el colchón crediticio europeo.

¿Qué quiero decir? Rescate o no rescate. Esta es la cuestión.

Podremos utilizar los eufemismos al uso, pero la cuestión es el rescate.

Les transmito mi convencimiento de que, de una u otra forma, las medidas, el control del déficit, la necesidad de reducir la deuda, los ajustes, las reformas, van a ser inevitables. Sí o sí.

Porque si la economía española se quiere ajustar a su nueva realidad, tiene que volver a los presupuestos de 2006, como poco.

Con “hombres de negro” o sin “hombres de negro”, el camino del ajuste a corto plazo será inevitable.

Quiero añadir que el factor tiempo, en este caso, es inversamente proporcional a la actitud política del presidente Rajoy. Dar tiempo, querer ganar tiempo, demorar las decisiones, se va a convertir en un factor más de deterioro.

Dejar pasar el tiempo no va a solucionar el problema sino que lo va a agravar.

Nuestra posición es clara.

El Gobierno debe decidir el rescate cuanto antes y, si no lo está haciendo ya, emprender una negociación tanto de las condiciones del mismo como de la cobertura internacional y de los mercados que se le otorgue.

Rescate y, al mismo tiempo, calificación de "bono basura” como se hizo con Grecia, es una vía inasumible. 

Es necesario un rescate negociado con las autoridades económicas y políticas de Europa, y también con el Fondo Monetario Internacional, como garantía para lograr una actitud responsable de las agencias de calificación.

La entrevista televisiva de hace dos semanas al presidente Rajoy me dejó una honda preocupación.

No vimos un programa de actuación estructurado.

Vimos un presidente con un único tema en su agenda: reducir el déficit.

Ni un ápice de pedagogía ala sociedad. Pocasexplicaciones. Y menos sensibilidad. Vimos a un administrador ante un grave problema económico.

No vimos a un presidente que habla a su pueblo, cuenta la realidad, explica el camino que hay que tomar, transmite sensibilidad y esperanza.

No vimos la convicción de quien cuenta con un proyecto en el que creer.

Déficit. Únicamente reducir el déficit.

Parece que en la política se han alojado los planteamientos maximalistas. Soluciones únicas: “Subir impuestos. Ajustar el gasto. Reducirla Administración. Aprobarreformas. Medidas de estímulo”.

Mi convicción es que van a hacer falta políticas mixtas.

Mi compromiso, si soy elegido Lehendakari, es cumplir los límites del déficit y controlarla deuda. Lespuedo garantizar que no va a ser fácil porque el pasado ejercicio el Gobierno Vasco dobló el déficit del límite establecido y este año nadie sabe cómo va a cerrar las cuentas.

Quiero que sepan que la deuda del actual Gobierno Vasco se ha multiplicado prácticamente por diez en estos tres años y medio.

El gasto está desbocado y se han adquirido preocupantes compromisos para próximos ejercicios.

Pese a ello, nuestro compromiso es ajustar el déficit y controlar la deuda.

Pero esta ni puede ni va a ser nuestra única política.

Será necesario el estímulo económico, las políticas de crecimiento, la reforma del sistema tributario.

Y será necesario ganar en eficiencia en la Administración pública.

Van a ser tiempos difíciles.

Harán falta Gobiernos sólidos y capaces.

Y harán falta, más que nunca, acuerdos.

Créanme que no entiendo el bipartidismo de confrontación que se está viviendo en España desde que comenzó a atisbarse la crisis en 2008.

Hemos vivido dos acciones políticas muy similares durante estos años. Lo que hicieron los socialistas y lo que está haciendo el Partido Popular. No hay ningún tipo de acuerdo, no hay concertación de políticas, salvo aquel episodio pasajero de la “reforma express” dela Constitución.

Es como si los intereses electorales se hubiesen apropiado de los intereses de Estado.

Esta realidad perjudica, sin duda, la imagen de confianza y estabilidad de España. El último exponente de este bipartidismo de confrontación es la Educación.

Un reforma más a sumar a las seis anteriores. Una reforma completa cada cinco años. Es un auténtico desatino, que desanima a la comunidad educativa.

No compartimos la nueva reforma, no llegamos a entender cómo es posible que se pretenda volver a una visión centralista, uniformizadora, que va a contracorriente de los valores de pluralidad y diversidad. Esta es la idea que defiende la comunidad educativa.

Esta tendencia recentralizadora nos preocupa.

Quiero hoy apelar a los valores de la pluralidad.

Quiero defender la riqueza de la diversidad.

Considero un grave error pretender dar pasos atrás en el reconocimiento y respeto a la capacidad de autogobierno de las nacionalidades históricas.

No se pueden entender como un desafío los planteamientos de respeto a la pluralidad nacional del Estado español. Estoy convencido de que ningún gobernante sensato – y creo que son mayoría- está cómodo en esta situación.

Esto no es Cuba ni la crisis de los misiles de 1962.

Nadie ha instalado misiles mirando a Madrid y Madrid no puede pretender actuar como si se hubiera hecho.

Algo similar está ocurriendo con el Concierto y el Convenio Económico.

Ha llegado a ser considerado como un privilegio, estamos reviviendo campañas en este sentido en los últimos años, sin tener un verdadero conocimiento de lo que es y lo que supone.

El sistema de Concierto Económico es un sistema de riesgo fiscal unilateral para Euskadi. Es decir, al regular y recaudar los impuestos, asumimos la responsabilidad para lo bueno y para lo malo. Para cuando van bien las cosas y para cuando van mal.

El sistema de concierto "per sé" no garantiza ningún hecho diferencial y mucho menos unas mejores condiciones. Depende de cómo se gestiona.

Si el sistema fiscal vasco es más eficiente es por el rigor en la gestión y en la lucha contra el fraude.

En realidad, no sólo es el Concierto sino la propia economía vasca la que otorga un hecho diferencial a Euskadi

La clave es la industria. Nuestro PIB industrial es del 25%, casi 10 puntos superior a la media del Estado. Este es el elemento diferenciador en cuanto a la capacidad económica, porque la industria genera más riqueza a las personas y al propio territorio.

En las grandes crisis de los 80 y los 90, Euskadi apostó por el apoyo y fomento de la industria, se hizo mucha política industrial.

En esta última década se ha puesto el objetivo en la innovación, alcanzando el 2.08% del PIB, por encima ya de la media europea. Y hemos apostado también por la internacionalización de la economía vasca, incluidas sus PYMES.

Los Gobiernos de Euskadi de hace 20 años apostaron por la industria, por su innovación y su internacionalización.

La base de una economía productiva y su tejido en Euskadi, así como su cohesión interna, son en realidad los elementos diferenciadores entre el sistema fiscal vasco y el común.

No es mi papel dar recomendaciones o recetas, pero sí considero que hay que seguir apostando por la política industrial, por la tecnología, la innovación y la internacionalización si se quiere tener un territorio con futuro.

El trabajo de hoy traerá su fruto dentro de una década, pero el tiempo que se pierda hoy será irrecuperable por décadas.

Como comprenderán, después de estos minutos de mi intervención, mi máxima preocupación y, por lo tanto, mi prioridad, por urgente, es la economía y es el empleo.

En Euskadi el desempleo ha crecido un 35% durante estos tres últimos años. Una evolución inaceptable para un gobernante. 

Nuestra prioridad es el empleo, la crisis, la economía.

Nos preocupa y nos ocupará.

Pero Euskadi tiene otro gran reto por delante. Primordial. Histórico. Irrenunciable. Esla Pazdefinitiva. La desaparición total de ETA. La normalización política plena y la construcción de la convivencia.

Quiero recordar nuevamente y quiero reconocer a todas las víctimas del terrorismo. Todos los que estamos aquí vivimos una mayor paz personal. Más tranquilidad. Menos miedo porque ETA no mata y no atenta.

Hemos recuperado parte de nuestra libertad. Pero hay cosas que no se recuperan, porque no volverán. Son las víctimas del terrorismo.

En materia de pacificación reafirmo mi compromiso de lealtad y discreción.

Soy muy crítico con el presidente Rajoy en materia económica. Pero cuenta con mi lealtad y discreción en el objetivo de alcanzarla Paz definitiva.

Lo sabe muy bien. Así seguiremos trabajando para conseguir nuestro mayor anhelo: la Paz y la reconciliación.

Queremos que se avance, que se flexibilicen las posturas y creemos en el diálogo y el acuerdo. Si llego a ser Lehendakari, trabajaré sin descanso para alcanzar la Paz y la convivencia en Euskadi.

Este es el gran sueño de nuestra generación.

En esta materia hay que hablar poco y trabajar mucho.

No es mi intención comparecer ante ustedes y zafarme de uno de los temas que alimenta hoy, extraordinariamente, la actualidad pública. 

No he venido a echar balones fuera sino a expresar, espero que con claridad, la posición del Partido Nacionalista Vasco ante un problema que no es nuevo ni desconocido para ustedes.

Es una cuestión que conocen bien, es la “cuestión nacional”, es la configuración territorial del Estado y el encaje en el mismo de las realidades nacionalesde Euskadio Catalunya.

“Lo peor que puede hacer un gobernante es empecinarse en el error”.

Esta afirmación, que asumo, no es mía. La pronunció el pasado miércoles en el Congreso de los Diputados el presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy.

Siempre hemos considerado que cuando un problema no se aborda de raíz, cuando se pretende ocultar o se apañan remedios coyunturales para intentar paliarlo, el problema termina por agravarse.

La cuestión nacional de Euskadi y Catalunya - presente hoy, pero también en la llamada “transición política” hace 35 años- sigue sin ser resuelta.

Santiago Carrillo, a quien quisiera brindar mi más sincero homenaje en este momento, reconocía en una de sus últimas entrevistas que el “problema vasco” seguía latente y que no se resolvería hasta el reconocimiento de Euskadi como Nación.

Un reconocimiento expreso y sincero que nosotros hemos pretendido y buscado desde los tiempos de la transición democrática. Pero que, pese a los avances obtenidos en la definición constitucional y autonómica, permanece todavía hoy como “asignatura pendiente”.

Este reconocimiento se soslayó a través de la fórmula dela “Españade las Autonomías” en el texto constitucional.

Esta fórumula propició la descentralización, pero superando las demandas de quienes nada demandaban y no colmando las de quienes sí lo hacían.

La expresión “café para todos” resume muy bien el espíritu de aquella formulación.

Durante años el sistema se ha mantenido pero ahora, en el epicentro de la crisis económica, se ha quebrado.

Nos encontramos con un déficit económico insostenible.

Nos encontramos en recesión, sin capacidad de crecimiento y creación de empleo.

Y nos encontramos, en fin, con la crisis y el cuestionamiento del modelo autonómico que se construyó hace 35 años.

La crisis del modelo es de tal calado que hay Autonomías que hablan hoy abiertamente de devolución de competencias al poder central.

Autonomías que se aferran al “rescate interno” como una solución pasajera a su ahogo financiero.

Apoyada en esta debacle, reaparece la tentación recentralizadora que amenaza por extensión –como ocurriera en la definición constitucional del Estado- con dejar sin autogobierno futuro a todos.

Incluidos también quienes hemos demostrado viabilidad, solvencia en nuestro proyecto y voluntad de superación.

Vivimos una clara involución autonómica que se sustenta en leyes de base que rompen los marcos competenciales; decisiones unilaterales que subvierten el modelo concertado; proyectos excepcionales que pretenden adulterar la voluntad legítima de la sociedad vasca.

Todo ello, bajo el pretexto de asegurar la “ordenación general de la economía”, una argucia legal que, de extenderse en su aplicación, nos va a conducir a la supeditación, la subordinación y la suspensión efectiva de nuestra capacidad de autogobierno.

Asistimos a tiempos en los que el “café para todos” deviene en el dicho de “todos sin café”.

No lo compartimos, ni siquiera lo entendemos, y desde luego no lo vamos a tolerar en el caso de Euskadi.

Quienes diseñaron y gestionaron este modelo de Estado en quiebra son los responsables de ese fatal resultado. No los vascos. 

Euskadi, hoy como ayer, mantiene intacta su voluntad de autogobierno. La voluntad de ser una Nación en pie de igualdad en una Europa que también replantea su estructura como auténtico proyecto político y económico común.

Hemos oído que no son tiempos ni para “algarabías” ni para perseguir quimeras.

Son tiempos de asumir, de una vez por todas, los problemas arrastrados durante tres décadas y media, antes de que se pudran definitivamente.

La cuestión que nos ocupa no sólo tiene una vertiente política.

También posee un ámbito económico innegable.

Diferente en cada caso. En España, en Catalunya y en Euskadi la problemática es distinta y su solución también deberá serlo.

La base para afrontarla, en cada caso, deberá ser siempre el diálogo, la búsqueda del acuerdo.

Hablamos de convivencia y eso sólo se consigue desde el respeto mutuo, desdela reciprocidad. Unavida compartida sólo tiene sentido si los que se proponen tal objetivo se respetan de manera solidaria.

Para que un divorcio se produzca basta con que una de las partes lo desee.

Cuando esa fractura se produce, es la negociación entre las partes la que establece las condiciones de la separación.

Se trata de un principio básico de la vida civil que, trasladado al ámbito político, ha sido desarrollado de manera diáfana y sin tacha, por ejemplo, porla CorteSupremade Canadá en relación a la reclamación de Quebec a ejercer el derecho a la libre autodeterminación. 

No niego que el Partido Nacionalista Vasco sea una formación que aspira a que Euskadi sea reconocida como un País pleno, integrado en Europa, reconocido por la comunidad y los organismos internacionales. 

Pero nuestro objetivo hoy, lo reitero, es la convivencia.

El reconocimiento de nuestra realidad nacional.

Un nuevo estatus político que nos permita cohabitar desde el entendimiento y no desde la subordinación o el recelo permanente.

Algo que debíamos haber resuelto hace tiempo y que, por distintas vicisitudes, no hemos logrado.

Lo intentamos en 1978 durante las negociaciones previas a la aprobación dela Constitución. Lopropusimos entonces a través del reconocimiento y actualización de los “derechos históricos”.

Lo pretendimos a continuación con el pacto estatutario, un acuerdo entre partes refrendado por el Pueblo Vasco. Este pacto se frustró por la “loapización” de su espíritu y de su letra. 

Lo volvimos a intentar nuevamente con la aprobación del Nuevo Estatuto Político, ratificado mayoritariamente por el Parlamento Vasco. Su siguiente paso quedó radicalmente cortado por las Cortes Generales, donde ni siquiera fue admitido a trámite. Para terminar con la sentencia del Tribunal Constitucional ala Leyde Consulta.

Que nadie lo dude, el Partido Nacionalista Vasco va a volver a proponer y articular una nueva iniciativa que nos aproxime a ese Acuerdo deseado.

Esa es nuestra vía.

Una vía basada en los principios del diálogo, la negociación y el acuerdo.

Vamos a buscar, y estoy convencido de que lo podemos conseguir, el consenso más amplio y plural que nunca se ha logrado en Euskadi.

Este es el primer paso, y mi convencimiento se asienta en la demanda social, que una vez dejada atrás la insoportable losa de la amenaza y el chantaje terrorista, ambiciona ahora un nuevo tiempo.

Un tiempo de acuerdo de bases, de un gran pacto entre todos que marque con claridad un escenario de futuro para nuestro País.

La primera responsabilidad nos corresponde a los partidos políticos vascos. Estoy convencido de que vamos a ser capaces de lograr un acuerdo y ratificarlo en la sede institucional del Parlamento Vasco.

El siguiente paso será el acuerdo con el Estado. Nuestra propuesta no plantea el divorcio sino la convivencia.

Y lógicamente, este nuevo acuerdo deberá contar con la ratificación expresa del Pueblo Vasco.

Estamos convencidos de que este acuerdo es posible. Así lo hemos recogido en nuestra propuesta ADOS, que significa precisamente “acuerdo”.

El pacto y la no-imposición representan el procedimiento por el que se constituyen las reglas de juego de las sociedades avanzadas.

La multilateralidad, que las posiciones más avanzadas y progresistas exigen para la nueva configuración del mundo, es exigible también como principio organizador de nuestras propias sociedades.

Esta exigencia, que estuvo en el origen de nuestro pacto estatutario y que se ha desdibujado enormemente, no ha perdido un ápice de su vigencia.

No hay pacto sin un sistema recíproco de garantías, cuya interpretación y cumplimiento no quede al arbitrio de una de las dos partes.

Toda solución ha de ser, en última instancia, un pacto en el que se consagre la bilateralidad efectiva, con garantías plenas y en condiciones de lealtad.

El planteamiento de un sistema de “decisión sujeto a pacto” sintoniza con la tradición que se recoge en los derechos históricos reconocidos por la Constitución, así como con los procedimientos del Concierto Económico.

Aquí radica el núcleo en el que mejor se contiene la realidad de soberanía compartida que supone nuestro sistema de autogobierno.

No es mi intención aprovechar la circunstancia de un Estado debilitado para reivindicar “quimeras” soberanistas como se ha dicho. No interpreten nuestra posición, la posición del PNV, como una propuesta oportunista surgida al calor de las reivindicaciones catalanas.

Quienes de entre Uds. hayan asistido a conferencias como la de hoy, en las que yo haya participado, me lo habrán escuchado exponer.

Tenemos los pies en el suelo y vamos a actuar con los pies en el suelo. Pero no vamos a estar parados, queremos avanzar.

La crisis global que vivimos nos va a obligar a repensar muchas cosas. Porque la crisis que padecemos no sólo es económica. Es también una crisis de modelo institucional, una crisis de modelo de gobernanza, aquí y en toda Europa.

No me parece exagerado hablar de una crisis política y, yo desde luego, me quedo con la acepción de crisis como oportunidad.

Quien hoy les está dirigiendo la palabra lleva meses, años, clamando en el desierto a la búsqueda de propiciar un gran acuerdo político y social, similar a aquellos Pactos dela Moncloaque encauzaron el desarrollo económico y político trasla transición. Aquelmomento vivido lo merecía, el momento que vivimos lo está exigiendo.

Nos hemos quedado afónicos solicitando este gran acuerdo, sin que nadie haya recogido el guante o haya dado acuse de recibo dela iniciativa. Esmás, hemos recibido como única respuesta del Gobierno español, la adopción de medidas unilaterales sustentadas en su mayoría absoluta parlamentaria. Y, por qué no decirlo, hemos recibido el rechazo implícito del principal partido dela oposición. Un partido silente en este caso.

Persevero en el intento. Lo hago porque soy consciente de que nuestra propuesta se ajusta a un deseo latente dela sociedad. Trato de enfocar los problemas en positivo, y en la crítica social a la clase política, veo en realidad un reproche a nuestra incapacidad para el diálogo y el acuerdo, en un momento en el que su necesidad es evidente para todos.

Persevero por lo tanto. Mi voluntad, la voluntad del PNV, es acordar las bases sobre las que afrontar las consecuencias políticas y económicas de esta crisis. Acordar juntos para actuar juntos. Acordar para convivir, para entendernos. Para cerrar problemas que, si no afrontamos, terminarán enquistándose.

Señoras y señores.

El apoyo en las próximas elecciones vascas al PNV será el apoyo a intentar salir de la crisis, gobernar con rigor, crecer, crear empleo.

El apoyo a trabajar por la Paz definitiva y la convivencia.

Significará apostar por más autogobierno en Euskadi.

Será un apoyo al trabajo, el acuerdo y el entendimiento, porque somos conscientes de la necesidad de fortalecer la Convivencia y la Concordia tras décadas de amenazas, odio y terror.

Esa es la lectura que haremos desde el PNV.

Se lo garantizo.

Como se dice en mi lengua, “hitza ematen dut”."

                                                                                        Iñigo URKULLU RENTERÍA
                                                                         Presidente del Euskadi Buru Batzar
                                                                    Candidato a Lehendakari por EAJ-PNV



Y lo será, Lehendakari digo. Y digo más: va ser un Lehendakari excepcional. Al tiempo...

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