20 de junio de 2013

Aquellas pequeñas cosas...

Ni recuerdo haberla sacado, ha aparecido inesperadamente entre las cientos de fotos que tengo aún por revisar. La verdad es que las escapadas con sólo una mochila vacía por equipaje dan para mucho guardar...
Lo que sí recuerdo es la rapidez con la que bordé ese cuadro después de mucho dudar hasta elegir la muñequita guapa que acompañaría su nombre, la que me sugería el modelo del abecedario me gustaba tan poco que ni me acuerdo cómo era. El trabajo que me dio esa complicadísima ese en la que encajar un dibujo prestado... al final lo conseguí. Y tengo grabada en mi memoria la sonrisa nerviosa de aquella Sahara chiquitina que no perdía detalle mientras Ana abría, despacito y con mucha ceremonia, comediante ella, el paquete de regalo. Et voilà!
Primero estuvo colgado en la pared de la casa de Antonene-Berri y hoy, desde hace ya diez años, en la de los dominios sevillanos de las Ancin Ibarburu, en Alcalá de Guadaíra, haciendo piña ahora con ni sé cuantos posters de un tal Justin quien, al parecer, las vuelve locas cuando canta y cuando no. Ese bendito cuadro de punto de cruz enmarcado en rojo... ay... 
De alguna forma, pared con pared, está a buen recaudo en el txoko más mío de mi corazón, el que guarda el cariño de mi gente. Y el valor intangible, incalculable, de las pequeñas cosas...


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