20 de abril de 2014

ABERRI EGUNA 2014

EUSKADI EUROPARA BEGIRA 

Euskadi mira a Europa. Lo hace hoy como lo hizo siempre. Porque nuestra concepción vital nos ha llevado a interpretar que el mar que nos limita territorialmente no es una barrera que nos obliga a encerrarnos en nosotros mismos. Al contrario. Desde siempre hemos creído que el mar era una puerta natural que nos acercaba a otras realidades. A otros pueblos con los que hemos querido convivir y relacionarnos. Cada cual con su identidad, con su cultura, pero desde el respeto y la cooperación. Con voz propia en un concierto mancomunado. 

Ya desde el siglo XV hay constancia de un ‘consulado’ denominado ‘vizcaíno’, y en el que se daban cita también guipuzcoanos y navarros, en el epicentro económico y comercial de la Europa de la época, Brujas -“Hoc est sigilium nationis Bizkaine”-. Desde entonces, y de manera permanente, los vascos nos hemos vinculado al proyecto europeo buscando compartir nuestro porvenir con los pueblos de nuestro entorno. Defendiendo nuestros intereses mutuos y construyendo lazos comunes que nos hicieran progresar en el devenir de los tiempos. Miramos a Europa porque somos Europa. En ella está nuestro lugar como comunidad nacional. Lo invocamos ya en el año 1918, cuando representantes de este partido, el Partido Nacionalista Vasco, acudían a Versalles ante la invocación por parte del presidente Wilson del derecho de autodeterminación para los pueblos europeos tras el final de la I Guerra Mundial. 

Lo repetimos en 1933, en la celebración en Donostia del segundo Aberri Eguna, cuyo lema fue precisamente “Euzkadi- Europa”. Lo reiteramos tras la segunda gran guerra, en 1947, con nuestra representación en los Nuevos Equipos Internacionales, embrión del Movimiento Europeo y germen de la Comunidad Europea alumbrada por Schuman, Monet, De Gasperi o Adenauer. 

Hoy, en la conmemoración del Aberri Eguna 2014, Euskadi, la patria de los vascos, sigue mirando a Europa. Reivindicamos el reconocimiento del Pueblo Vasco y el derecho que le asiste a decidir libre y democráticamente su futuro en igualdad de condiciones con el resto de naciones de nuestro entorno. 

El Pueblo Vasco encuentra su presencia y expresión en dos realidades distintas, en dos Estados que se resisten a reconocer su carácter diferencial. En Francia, los territorios de Laburdi, Nafarroa Behera y Zuberoa, que concitan el apoyo de su ciudadanía para el establecimiento de una Colectividad Territorial que les dé armazón administrativo, cultural y económico. Al sur, en el Estado español, la Comunidad Foral Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca completan el mapa político-administrativo de esta Nación. Un Pueblo Vasco con tres ámbitos de decisión que deberán respetarse escrupulosamente para dotarle de legitimidad democrática. 

Nuestra aspiración es esa Euskadi, ese conjunto de ciudadanos que conforman un espacio físico característico, que va de Adour al Agüera, de Aquitania al Ebro. Y decimos ciudadanos, por encima del territorio, de los signos comunes de identidad, de la cultura, de la lengua. Porque el nacionalismo vasco del siglo XXI entiende que el rasgo más importante que sustenta un proyecto político común es la voluntad de las mujeres y hombres que lo conforman. 

Esa es la patria de la que hoy hablamos y reivindicamos, Euskadi, la patria de los vascos El Día de la Patria Vasca no es una conmemoración contra nadie, ni una exaltación sectaria de enfrentamiento de identidades. Para los nacionalistas vascos, el Aberri Eguna es una afirmación del derecho que nos asiste a conformar una estructura política, económica, social y cultural propia. Es una aspiración legítima de supervivencia comunitaria, de identificación de una sociedad, de una ciudadanía, con su entorno inmediato. Y en ese anhelo respetamos a quien no se identifique con el mismo. La voluntad, el sentimiento de pertenencia a una comunidad y a compartir su destino, ni se impone ni se veta. La Euskadi del siglo XXI a la que aspiramos será la suma de identidades, la convivencia entre diferentes, el respeto a la mayoría y a la minoría, o no será. 

Aspiramos a construir una sociedad que se diga vasca con todos los que pretendan unir su destino personal o familiar al porvenir de este pequeño país que no pretende ser ni mejor ni peor que los demás, sino ser él mismo. 

Queremos amar lo que somos sin odiar lo que no somos. Y en ese ‘ser’, entendemos la identidad vasca como factor de desarrollo humano. Desarrollo de un futuro en solidaridad frente a un individualismo que desprotege a las personas. Desarrollo de una comunidad de valores que 
apuesta por el bien común, por el crecimiento económico, cultural, social y político, por la solidaridad, por el respeto a los derechos de todas las personas. Desarrollo de una comunidad que se ve proyectada en los valores que iluminaron la idea de una Europa democrática, pacífica y justa. En esa Europa, de alma y de respeto en armonía, queremos crecer con voz propia. 

En defensa de esa Comunidad Nacional Vasca, generaciones de mujeres y hombres de esta colectividad han sufrido en carne propia opresión, violencia y sufrimiento. Y en el nombre de esa misma Nación Vasca también se ha sometido a una parte de la ciudadanía al horror del terrorismo y la persecución. 

Hoy, afortunadamente para este Pueblo, construimos un nuevo tiempo de paz. 

Son las personas las que configuran una patria, y los derechos básicos de aquellas son los que construyen la estructura de cualquier entidad, organismo o institución que les agrupe. Por eso, nuestra aspiración de hoy es poder consolidar en Euskadi una convivencia sin violencia. Sin imposiciones. Sin el sometimiento de la fuerza, de la coacción o de la restricción de derechos. Tenemos la obligación de pasar página. Sin olvidos. Sin odio. Asumiendo cada cual la responsabilidad de nuestros propios hechos. Una paz que alimente las posibilidades de impulsar una oportunidad inédita que nos permita establecer las reglas de juego para que nos enfrentemos a un gran acuerdo de convivencia en el que decidamos juntos cómo y de qué manera queremos vivir en el futuro. Una nueva Comunidad Nacional para avanzar juntos y decidir por nosotros mismos cuál puede y debe ser nuestro porvenir. 

Dos son los objetivos concretos que nos unen en la conmemoración del Aberri Eguna 2014. Por un lado, la conformación de un consenso básico de Paz y Convivencia que abra las puertas a un nuevo tiempo de concordia en Euskadi. Y, en segundo término, iniciar un debate incluyente que propicie un singular avance del autogobierno en Euskadi. Un acuerdo democrático que posibilite el reconocimiento y su adaptación a las normativas básicas del derecho a decidir. 

Esa es la nueva Nación Vasca que proponemos. Más paz, más convivencia, más libertad. Para vivir mejor. 

La paz exige la rápida eliminación efectiva y compulsada de todos los arsenales militares utilizados en el pasado para la práctica del terror. La paz exige el reconocimiento de un daño injustamente provocado a unas víctimas y a una sociedad que necesitan sentir verdad y humanidad en quienes han decidido poner fin a años de estrategia de sufrimiento. 

La paz exige la acción de una justicia humanizada que practique, desde la capacidad que las leyes permiten, un escenario de resocialización de quienes hayan abjurado de la violencia y pretendan incorporarse a un nuevo tiempo de convivencia. 

La paz exige inteligencia política, responsabilidad de Estado, para procurar que el tránsito a una nueva sociedad sea efectivo y diligente. 

La paz exige acuerdo político e institucional en beneficio del bien común, dejando a un lado el rédito político de la confrontación partidaria. 

Afianzar la paz, establecer el camino de una nueva convivencia de respeto a los derechos humanos, facilitará notablemente afrontar nuestro segundo objetivo: la articulación de un nuevo estatus político para Euskadi. 

La pervivencia de la violencia ha imposibilitado durante años encauzar el gran desafío de impulsar y renovar nuestra capacidad de autogobierno. Siempre creímos que la violencia no podía condicionar la agenda política de este país. Pero estaba claro que mientras la fuerza se ejercitara como estrategia de motivación política, mientras se coartara con la intolerancia y la amenaza a la libre opinión de vascos y vascas, cualquier debate sobre el futuro político de Euskadi resultaría difícilmente llamado al éxito. 

Sin violencia de por medio, hoy todo es posible. La herramienta es el diálogo y el contraste. Negarlo supondría un fraude a la democracia. Vetarlo, un retorno a las posiciones de fuerza, a la imposición y al conflicto permanente. 

Euskadi quiere actualizar su autogobierno. No por pura reivindicación política, sino porque el autogobierno es para los vascos una garantía de bienestar y de desarrollo humano y colectivo. La construcción institucional en Euskadi nos ha reportado crecimiento económico y servicios públicos básicos eficaces, principalmente en la Comunidad Autónoma Vasca. 

Nuestro camino no ha sido equivocado. La fortaleza de nuestra identidad y el interés común de la sociedad vasca nos han llevado a ahondar en el autogobierno, que ha sido y es progreso, bienestar y calidad de vida. Por todo ello, debemos seguir fortaleciendo nuestra identidad y el interés común de la sociedad vasca. No renunciamos al estatus de autogobierno conseguido. Al contrario, queremos crecer institucionalmente desde esta base, para consolidar nuestra posición en el mundo. 

Necesitamos alcanzar un ritmo de desarrollo que es imposible de lograr mientras dependamos de circunstancias de terceros países. Y esto exige aplicar y estructurar políticamente el principio de soberanía, esto es, derecho y capacidad para decidir nuestro propio futuro. No por enfrentamiento político sino por el interés de la ciudadanía. Porque los vascos y las vascas ambicionamos un futuro mejor, y porque nos asisten los mismos derechos que al resto de naciones en el mundo. 

Anclarse en la uniformidad y/o en los ámbitos de poder ya alcanzados, es quedarse atrás, perder posiciones ante la realidad que viene. Aspiramos a disponer de una estructura política propia que nos permita proteger y desarrollar nuestra identidad social, económica, cultural y política. Los vascos y vascas queremos vivir mejor, con certidumbre sobre el empleo, sobre el bienestar, con servicios públicos de primer nivel. Con fortaleza económica. 

Nuestra estrategia tiene como objetivo favorecer el crecimiento de Euskadi, crecer desde el punto de vista político, social, económico e institucional, lograr la progresiva institucionalización que suponga el reconocimiento de Euskadi como una Nación libre en el concierto internacional. El crecimiento económico y el crecimiento institucional son la base que debe sustentar el logro de un mayor desarrollo y cohesión social. Crear riqueza bien distribuida para tener una sociedad cohesionada y pujante en Europa debe ser nuestra alternativa. Ejercer la soberanía día a día, consolidando los espacios conquistados y dando nuevos pasos. 

Euskadi es una vieja Nación que se renueva y fortalece. Euskadi debe ser Nación en Europa. Junto a algunas que ya están, como Estonia o Croacia. Junto a otras que piden paso, como Escocia, Flandes o Catalunya. Una nueva Europa que contribuya, mediante la actualización del Tratado de Lisboa, a la constitución de un gobierno común ajustado a los requerimientos del siglo XXI y al reconocimiento del papel activo de los sujetos políticos distintos de los Estados miembro. En tal sentido, la Unión Europea deberá reconocer realidades nacionales como la de Euskadi y arbitrar mecanismos jurídicos para la habilitación de la ampliación interna de la Unión, siguiendo los principios y condiciones -criterios de Copenhague- que han articulado las ampliaciones externas. Esta ampliación interna y la mejora de los cauces de participación ciudadana contribuirán a un funcionamiento más democrático y transparente del entramado institucional y de los procesos de decisión de la Unión. 

Debemos poner nuestro objetivo en ese ‘tren europeo’ que avanza. Vincular ‘soberanía política’ y ‘soberanía económica’. Sin confundir ‘soberanía económica’ con ‘proteccionismo económico’, porque queremos y necesitamos una Euskadi más independiente y, al mismo tiempo, también más abierta al mundo. 

En ese afán de construcción nacional avanzamos gradualmente, con ritmos acordes a cada ámbito territorial. Así, en la Comunidad Autónoma Vasca lideramos el proceso, a través de las iniciativas impulsadas tanto en materia de normalización como de nuevo estatus político. En Navarra queremos jugar un papel cada vez más activo en ambos retos, tanto el de la construcción de la convivencia, tan importante también en la Comunidad Foral, como el de la actualización de nuestro autogobierno. Y en Iparralde, concitamos sinergias para acrecentar la conciencia colectiva, buscando el reconocimiento de la colectividad territorial, primer paso de cara a formalizar una eurorregión que sitúe a vascos del norte y del sur en un marco de cooperación europea al margen de las fronteras estatales. 

El Parlamento Vasco ha iniciado estas pasadas semanas un nuevo procedimiento para abordar este reto del nuevo estatus con eficacia, responsabilidad y compromiso. No tenemos prisa. El vasco es un pueblo milenario y su voluntad de perseverancia le ha hecho sobrevivir con personalidad propia, incorporándose a los avatares que la historia y los cambios sociales han protagonizado en su entorno. Por eso, somos conscientes de que deberemos afianzar cualquier paso adelante para que el progreso de esta comunidad nacional se haga de forma equilibrada y segura. 

Tenemos ante nosotros una gran oportunidad para que Euskadi, no sólo la Comunidad  Autónoma Vasca sino también la Comunidad Foral Navarra e Iparralde, dé un paso decisivo en la definición mancomunada de nuestro futuro. Pese a la crisis y a la dificultad del momento, somos optimistas, porque estamos convencidos de que, con el empeño, la voluntad y el compromiso de la ciudadanía vasca, vamos a conseguir alcanzar los objetivos prefijados: la paz y la libertad de Euskadi. 

Por todo ello, en la celebración del Aberri Eguna 2014 hacemos un llamamiento a la ciudadanía de Euskadi a reivindicar nuestro derecho a la paz y a la libertad sacando a la calle el símbolo común que nos identifica, la ikurriña, representando en este gesto nuestra voluntad inequívoca de construir un nuevo país, una nueva sociedad en la que todos tengamos capacidad de expresión y decisión bajo el amparo del respeto a los derechos humanos. 

Respeto a la voluntad y a la diferencia. Respeto a la dignidad de las personas y a sus ideas para que nuestro Pueblo camine con paso firme a un nuevo tiempo en el que Euskadi será lo que su ciudadanía quiera que sea. 

Asimismo, invitamos a la ciudadanía vasca a participar en cuantos actos sean convocados para, desde el respeto, expresar nuestra pertenencia a la Nación Vasca y su derecho, desde la libre adhesión de cada cual, a decidir democráticamente su futuro. 

GORA EUZKADI ASKATUTA!! 

Euskadi, 20 de abril de 2014



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