28 de mayo de 2015

Una final de Europa League y dos Emery.


En uno de los reportajes sobre el triunfo del Sevilla anoche en la Europa Leage, el comentarista de la cosa, en lo que a Unai Emery tocaba, lo resume con un rotundo "la humildad tiene precio", entiendo que, en este caso, uno gustoso de pagar y que sabe a victoria, esa bendita copa de fútbol... La humildad tiene precio... y no he podido por menos que recordar el artículo que un buen amigo me enviaba hace unos días escrito en reconocimiento y recuerdo hacia su aita, Juan Emery Alza.
Juanito moría hace sólo unas semanas y no ha podido disfrutar de la gesta conseguida por el equipo comandado por su hijo. Pero estar, estuvo, vaya que si lo hizo... Y no sólo en las palabras emocionadas de Unai dedicándole la victoria sino, también y sobre todo, en el beso furtivo que le dio, fotografía o recordatorio en mano, durante el partido y que un cámara de televisión pudo captar. Esa imagen junto a la de la llamada de los jugadores sevillanos a la viuda de Antonio Puerta cantando el nombre del pequeño Aitor, que no llegó a conocer a su padre, son dos de los momentos más hermosos que eso que dicen fútbol ayer me pudo regalar... aita, beti aita, betirako aita... ay, qué tontorrona que estoy... así son las cosas...

















































"JUANITO EMERY, SEGURO COMO GUARDAMETA, DECENTE COMO PERSONA.

Fue en Behobia, en lo que conocíamos como la campa, junto a la vieja escuela todavía intacta y el frontón de sólo frontis, aunque algo cuarteado, todavía en pié, donde Juanito Emery empezó a demostrar sus condiciones de guardameta. Tan sobresalientes eran éstas que, al poco tiempo, con dieciséis años, formaría en el equipo del C.D. Behobia que participaba en los campeonatos locales. Fernando Vesga fue el muñidor de ese equipo reclutando jugadores y proporcionándoles camisetas, pantalones, medias y botas. Custodiando la portería del C.D. Behobia, Juanito Emery, el chaval que apenas había cumplido los dieciséis años, demostró un valor, una visión y un aplomo fuera de lo común. No es que fuera un portero temerario en las salidas o en los despejes, es que sus lanzamientos a los pies del delantero rival eran acciones propias de guardametas de vocación aparentemente suicida: hablamos de apariencias porque en aquellos lanzamientos el valor se aliaba con una concentración serena e instantánea.
El niño-guardameta adquirió fama de valiente, sin remilgos, para jugarse el físico. Y las gentes de Behobia, con tradición para aplicar seudónimos, le adjudicaron el de Cañitas. El motivo fue sencillo y notorio. Notorio, porque en aquellos años hubo un torero mejicano, Carlos Vera, apodado Cañitas. Llegó a España con fama de valiente y en las corridas de la Semana Grande, esa fama de torero valeroso quedó más que justificada en unas faenas tremebundas, espeluznantes. Entonces, la ligazón entre El Chofre -la plaza de toros de San Sebastian- y la campa de Behobia quedó sentimentalmente inaugurada: al crío valiente que vigilaba la portería del C.D. Behobia se le bautizaría con el apelativo de otro valiente, Cañitas.
En la temporada 1.950/51, con apenas diecisiete años, ficha por la Unión y se hace con la titularidad. Consigue ésta empleando los medios que ya dejó bien asentados en el equipo de barrio: seguridad plena en todas las acciones, ausencia total de gestos tan llamativos como poco útiles y, por encima de todo, ese valor reflexivo pero audaz en la estela de los grandes guardametas.
Después, un recorrido por distintos equipos. Acaso haya sido en el Deportivo de la Coruña donde su personalidad quedó más definida y también elogiada. Con los de Riazor consiguió el ascenso a Primera. Fue uno de los hombres clave: en el curso de aquella competición no era nada fácil batir a Juanito Emery y ésta circunstancia coadyuvó, ¡y cómo!, a la conquista de la nueva categoría.
El Juanito Emery deportista dio paso al hombre que afronta su vida personal después de una larguísima trayectoria. Y aqui nos demostró, siguió demostrando, que se trataba de un hombre cabal, medido en sus palabras, nunca con la censura en los labios y siempre con el comentario objetivo y bien razonado. Nos relacionamos con él bastante. De casi niño. En Behobia, decenas de años después como entrenador del C.D. Palmira. “No me cites en las crónicas. Sé la influencia buena o nula de los entrenadores, he tenido muchos...”, nos decía. Cumplimos sus deseos, humildes y sinceros, de no mencionarle. Ahora nos vemos en la penosa situación de hacerlo. Penosa, porque hemos perdido a un viejo amigo -viejo cronológicamente- pero joven. Porque Juanito Emery fue, por encima de todo, un hombre decente. Y la decencia, por su naturaleza moral, nunca pierde el aura de la juventud."          ________________________________                                                                

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