23 de junio de 2015

Hitza hitz!







































________  Casi veinte años de camino andado dan para mucho, digo que a cada nueva cita de finales de junio, nuevos protagonistas. Este año han tocado estudios y trabajo de campo, o así les han llamado, sendos documentos a cargo del Gabinete de Prospecciones Sociológicas del Gobierno Vasco sobre las actitudes de las poblaciones de Irun y Hondarribia en relación a sus Alardes, encargo de la Secretaría General para la Paz y la Convivencia. 

Resulta ciertamente paradójico que detrás de dicha iniciativa, la mente bien-pensante impulsora del estudio y mejor intencionada –nótese la ironía- haya sido una de la personas que, desde la política activa, más ha hecho en estos años por la no paz y la nula convivencia en nuestra comarca. Su actitud ha sido no digo beligerante, está en su derecho, sino prepotente, y sus maneras ofensivas hacia quienes, por derecho y con la misma legitimidad que ella reivindica para sí, defendemos el Alarde: hablo de una de las asesoras de dicha Secretaría General, la Sra. Aintzane Ezenarro. Alguien que nunca ha reconocido las Sentencias del Tribunal Supremo que lo avalan, a quien sólo le vale la libertad de quienes se manifiestan por un Alarde “igualitario” despreciando la que nos autoriza para decidir no compartir dicha reivindicación, una mujer que pretende decidir por todas las irundarrak al tiempo que calla ante la nula participación de sus conciudadanas en la representación histórica del desembarco de Juan Sebastián Elcano en el puerto de Sanlúcar de Barrameda tras lograr la vuelta al mundo en 1522 y que, cada cuatro años desde 1922, se rememora en la villa de Getaria, cuna del navegante y de la otrora portavoz de Aralar, hoy asesora gubernamental. Todo un ejemplo de coherencia... Kalean uxoa etxean otso.

Si bien es cierto que, allende el Bidasoa, el tema de los Alardes es cosa juzgada en política –entiéndase, la igualdad es un valor irrenunciable, tenga o no que ver con lo que vivimos cada 30 de junio y cada 8 de septiembre- aún lo es más, más cierto digo, en Irun y Hondarribia. Porque aquí la polémica está zanjada aunque haya decisiones de “sus mayores” difíciles de gestionar, incluso digerir, por los responsables políticos de casa: premios, galardones y reconocimientos de todo color político, desde la Comisión Ejecutiva del Partido Socialista de Euskadi hasta la Diputación Foral pasando por Emakunde… subvenciones mil, ayudas y apoyo logístico, compadreo… Y mucho, pero mucho, postureo. Una actitud ésta que considero, per se, inaceptable, indefendible y cobarde. Y no libero a nadie. Y cuando digo nadie digo todas las ejecutivas de todos los partidos que en Irun defienden los valores de nuestro Alarde. Que cuando toca a rebato la corneta interesada de la igualdad -y toca todos los años por estas fechas o, si antes, siempre en atención a la misma diana- unos u otras se retratan, todos y cada una, sin exclusión. Y todas y cada uno acusan una insensibilidad rayana en la claudicación ante la Izquierda Abertzale que, todavía hoy, después de casi 20 años de polémica y mucho dolor por el camino, sigue ostentando la portavocía mediática en una reivindicación objetivamente legítima –la remoción de obstáculos para la plena igualdad entre hombres y mujeres en una sociedad libre- pero que, vista su trayectoria en política, les queda muy grande. Pero la ejercen. Y lo hacen, indisimuladamente además, porque el resto de formaciones políticas se lo permite. Hamaika ikusteko jaioak gara.

Una prueba de ello la tenemos en la última comparecencia de los Alcaldes de Irun y Hondarribia –Sres. Kerejeta y Santano- ante la Comisión de Derechos Humanos, Igualdad y Participación Ciudadana del Parlamento Vasco, a requerimiento del grupo parlamentario de EH Bildu y celebrada el pasado mes de noviembre, al objeto de exigirles explicaciones –ahí es nada- como colofón a las conclusiones del estudio sociológico que antes refería. Un estudio a cargo y por encargo del Gobierno Vasco y que, incomprensiblemente, adquiere relevancia institucional a su costa cuando, digámoslo sin paños calientes, es el propio Gobierno quien no sale precisamente bien parado; un estudio para olvidar que se erige en la excusa perfecta para otorgar carta de naturaleza, primero: a unas conclusiones espurias, maquilladas, tan evidentemente necesitadas de contexto que sólo leerlas produce sonrojo; digamos que la montaña de la Sra. Ezenarro parió un ratón chiquitín y, además, rebelde, que el xagu les ha salido tradicional, para que nos entendamos; y segundo: al protagonismo de una portavoz parlamentaria, la de EH Bildu, que dejó bien a las claras, a pesar del tono amable de su intervención, que ofender a la mayoría de irundarrak y hondarribiarrak, representados en la figura de su Alcalde, sale gratis, queda impune, ni siquiera merece una palabra de reprobación por parte de otro portavoz, de algún otro miembro de la Comisión, nada… Al parecer se puede mentir y seguir denominando discriminatorio sin serlo –con toda la carga de negatividad y violencia que ello supone- a un acto popular, multitudinario y pacífico como es el Alarde, hacerlo además en sede parlamentaria, sin que nadie se escandalice. Siento vergüenza ajena… Porque en este caso tanto da quien lo pregona como quien lo permite, quien abusa de su posición como quien la rehúye, la dejación de responsabilidad sea por fas o por nefas es la misma. Y aquí no pasa nada... Ardi txikia, beti bildots.

Veinte años de camino andado dan para mucho, sin duda. Hablo ahora de todo tipo de presiones y ni me atrevo a contar cuántas faltas de respeto, ni sé la de juegos malabares. Y los unos dicen, los otros hacen, el resto calla, los demás otorgan… Y ya está bien. Creo llegado el momento de exigir, porque es nuestro derecho como ciudadanos, que las decisiones políticas, cualesquiera que atañan a nuestro Alarde, en cualquier instancia, en todas las instituciones, bien si nos llevan bien si acudimos motu propio, confirmen por la vía de los hechos, de las decisiones a tomar, del reconocimiento, lo que los tribunales ya han proclamado sin atisbo de duda: que es plenamente legal y escrupulosamente respetuoso con los derechos de todas las personas.

Debo reconocer que algo comienza a moverse en este sentido pero siempre a contrapié, a regañadientes incluso, a oscuras, que no se note. Y me rebelo, como ciudadana de este país, irundarra de a pie, como mujer que considera la política un activo de esta sociedad y no una rémora, me rebelo… Porque el Alarde de San Marcial no es un invitado de segunda, una molestia, una situación coyuntural, un problema a superar o reconducir, de eso nada... El Alarde es la primera seña de identidad de nuestro pueblo, es un tesoro inmaterial, patrimonio de todos los irundarrak, una realidad cada vez más enraizada y con más largo futuro. Edonon, gure konpromezua: Herriaren nahia, betiko Alardea.

Hitza hitz!

_________________________________________  Publicado en la revista BIDASOALDEA - Junio 2015