23 de junio de 2012

El Alarde de San Marcial no tiene precio


EL ALARDE DE SAN MARCIAL NO TIENE PRECIO

Es algo evidente, todo el mundo lo sabe, se sabe. Pero hay quienes siguen empecinados en lo contrario, disfrazando de autoridad moral lo que sólo es propaganda política. Digo que el Alarde de San Marcial es plenamente legal, respetuoso con la leyes propias, las ajenas, las que consideramos nuestras y las que no, que no es discriminatorio ni atenta contra el derecho a la igualdad ni la dignidad de la mujer, que la Sentencia del Tribunal Supremo de fecha 28 de mayo de 2008 lo blinda jurídicamente y que su celebración es consecuencia del libre ejercicio de los derechos de asociación, reunión, manifestación, expresión y conciencia. O sea, del derecho que nos asiste a todos, y a todas, a elegir y decidir, también en este caso, cómo, cuándo, dónde y con quién. Me refiero al Alarde de San Marcial, en Irun, cada 30 de junio, el único Alarde. Porque el no Alarde es una manifestación con todas las letras, con su número de expediente gubernativo y el visto bueno de la máxima jefatura policial de este país. Una manifestación diferente, sin duda, extravagante, inaudita y extraordinaria. De un lado, porque casa a regañadientes con los requisitos exigidos por la Ley Orgánica Reguladora del Derecho de Manifestación y Reunión hasta el punto de que si habláramos de otra cosa y no de los sanmarciales de Irun, apuesto a que una solicitud de este tipo sólo obtendría el no como respuesta -y no nos escandalicemos, que toda forma de celebrar el alarde está amparada, sí o sí, por la Ley Vasca de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas bajo autorización municipal-. Y de otro, porque se trata de una manifestación con un indisimulado tinte político que se financia con dinero público, un absoluto despropósito, todo un ejemplo de coherente y sabia gestión de los recursos públicos, algo sobre lo que nadie, hasta la fecha, ha dicho esta boca es mía. Y ya está bien.

Reconozco que la política de subvenciones, de premios y galardones, de reparto y distribución de las ayudas públicas es una materia delicada y compleja de gestionar pero ello no es óbice para exigir que la decisión sobre cuánto, cuándo y a quién, responda, para empezar, a la verdad de las cosas y, siempre, a criterios de oportunidad, de necesidad, de conveniencia. Digo yo que la legalidad se presume, no cabe decir otra cosa salvo acudir, y ya veremos, a los tribunales, pero diré también que la capacidad del político de turno para mangonear a su capricho el dinero que es de todos no es que se presuma es que, en ocasiones, es evidente. A los hechos me remito.

El pasado 8 de junio se oficializó, foto incluida, el Convenio suscrito por la Diputación Foral de Gipuzkoa y la Asociación Alardezaleak, por el que se acuerda una aportación de 30.000 euros con destino a (sic) la organización del alarde igualitario de Irun, como forma de reivindicar la participación igualitaria de mujeres y hombres en todos los ámbitos de la vida y a luchar contra la violencia machista hacia las mujeres, ahí es nada... Treinta mil euros del ala en época de vacas flacas para costearse una manifestación, la suya, el capricho de unos pocos, muy pocos. Tanto que necesitan pagar a foráneos para que desfilen, para que hagan bulto y alardeen de no sé yo qué el día de la fiesta grande de nuestro pueblo. Cinco millones de las antiguas pesetas para que -digo yo que después de pagar las facturas- unos pocos, muy pocos, ¿quiénes son?, lancen campañas de sensibilización hacia su causa, como si en Irun les hubiéramos elegido precisamente a ellos, y ellas, para que nos liberen y reconduzcan nuestra desviada orientación sanmarcialera. Como si los y las irundarrak fuéramos idiotas y nuestro Ayuntamiento, el que sí nos representa, una falacia. Es una burla a la inteligencia y un insulto a la ciudadanía. Y no es el único.

La bandera de la igualdad, los derechos de la mujer y la lucha contra la violencia machista se convierten nuevamente en la coartada perfecta que determinados colectivos utilizan para arrogarse una representación que nadie les ha otorgado. Porque, hasta donde yo sé, los miembros de Alardezaleak se representan a sí mismos. A mi, al menos, que me dejen fuera. Es una práctica vieja y mezquina, cual tinta de txipiron, ésta del ensucia que algo queda, del ensucia que así lo nuestro se nota menos. Pero es un hecho que cuando la causa que uno dice defender se convierte en excluyente, primero se banaliza y luego se prostituye. Y en ésas están.

No seré yo quien niegue a nadie el derecho a celebrar su día de San Marcial como mejor prefiera, sea en casa, a pie de calle, desfilando en el Alarde o yéndose de manifestación. Que sí, que podemos desfilar, hombres y mujeres, todos, todas. Y ellas vestidas de soldado si así lo quieren, aunque no ellos de cantinera, que no pueden. Pero ésa no es mi guerra. La mía es que las reglas de juego, también en el tema de los Alardes de Irun y Hondarribia, sean iguales para todos, que la legalidad se cumpla y se haga cumplir, que las resoluciones institucionales se respeten, todas. También la del plenario de Juntas Generales de Gipuzkoa que sólo un día antes reclamaba respeto y mesura para las dos formas de vivir la fiesta en Irun y que fue aprobada por una amplísima mayoría. La misma que rechazaron expresamente el Diputado General, Sr. Garitano, los amigos de Alardezaleak y la Directora de Igualdad, Doña Laura Gómez, a la que replico con sus mismas palabras: esto sí que es obsceno y éticamente reprobable.
Es posible que el que dicen alarde igualitario valga 30.000 euros, ellos sabrán. Lo que yo sé es que el respeto y el Alarde de San Marcial no tienen precio.