Incluso, 75 años después, incomprensiblemente y como ponen de manifiesto los expertos, hay documentos cuya existencia es conocida pero que nunca han visto la luz y que ayudarían a clarificar muchos capítulos y desmontar otras tantas teorías. No se sabe si esos papeles se extraviaron, si los destruyeron deliberadamente o si siguen escondidos, pero como subrayan los historiadores, en pleno siglo XXI resulta muy complicando realizar una investigación en profundidad sobre, por ejemplo, las personas fusiladas. Ha sido en la mayoría de las cosas la iniciativa popular la que, superando la apatía e incluso las trabas de las instituciones gobernadas por la derecha, ha tratado de poner negro sobre blanco en una fase trágica y sangrienta de la historia. La sombra del general que acabó liderando el golpe -anécdotico o no, los otros dos pesos pesados del alzamiento murieran en sendos accidentes- cubre treinta años más allá de su muerte a quienes siguen teniendo problemas a la hora de condenar aquel baño de sangre o hacen oídos sordos a las justas reclamaciones de quienes perdieron a sus familiares -en una matanza nada discriminada y bien dirigida- cuyos descendientes continúan reclamando apoyo para localizar y honrar sus restos. Han pasado 75 años, las heridas siguen abiertas y la historia todavía no ha conseguido escribir el punto final...

El no olvido es otra cosa, porque es cosa de todos. O debería...