30 de diciembre de 2009

Acabo de entrar en casa, quedar con mi amiga Ana es algo siempre impredecible, una gozada, pues. Han caído unos cuantos txakolis y algunos pintxos para hacer bulto, el resto, cháchara entre amigas, vaya par...! Es que no ha quedado político ni seglar con cabeza...


Mi amiga Ana, grande por fuera y por dentro, donostiarra ella, de sangre navarra, hace años que despliega su capacidad de seducción y trabajo por tierras sevillanas. La amatxo de mi tesoro, de Sahara...
Y como dice mi querido Enrique, bendita la Navidad  que acerca a las personas que uno ama. Amen.

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