Santo Tomás... la última y nada más!! solía decir el aita, y siempre caía la siguiente. No es un mal plan para un día como el de hoy, desapacible, pasado por agua. Con todo, a por él!
Le decían La Diva de los Pies Descalzos, no era cierto, nunca lo fue. Hace apenas veinte años el mundo le abrió sus brazos y ella dejó atrás una vida de pobreza, temores y menosprecios. Pero siguió siendo la misma mujer negra del África portugués cuya voz arrastraba años y años de alcohol y humo de tabaco. Hasta el último de sus días con un cigarrillo entre los dedos... Esa voz no desgarrada pero llena de matices oscuros brillaba sin embargo como pocas otras, se podía tocar lo que ella entonaba, hasta lo que no entonaba se podía tocar... Nadie más alejado del divismo, del mismo cielo, que Cesaria Evora, que cantaba como los ángeles. Se nos ha muerto la no diva, adiós a sus pies descalzos, a su sonrisa triste... Goian bego, anderea. AGUR! Y bésame mucho...
Hoy hubiera cumplido todos los años del mundo, noventa y muchos, pero ni aún así... Como si nada, como si cantara sólo para mi... fill my heart with song, let me sing for ever more, fly me to the moon... Y la luna fea de diciembre...
con
el hilo de un propósito que no digo y
me pongo a remendar. Ninguno de los prodigios que
anunciaban taumaturgos insignes se
ha cumplido, y los años pasan de prisa. De
nada a poco, y siempre con el viento de cara, qué
largo camino de angustia y de silencios. Y
estamos donde estamos, más vale saberlo y decirlo y
asentar los pies en la tierra y proclamarnos herederos
de un tiempo de dudas y de renuncias en
que los ruidos ahogan las palabras y
con muchos espejos medio enmascaramos la vida. De
nada nos vale la añoranza o la queja, ni
el toque de displicente melancolía que
nos ponemos por jersey o corbata cuando
salimos a la calle. Tenemos apenas lo
que tenemos y basta: el espacio de historia concreta
que nos corresponde, y un minúsculo territorio
para vivirla. Pongámonos de
pie otra vez y que se sienta la
voz de todos solemne y claramente. Gritemos
quién somos y que todos lo oigan. Y
al acabar, que cada uno se vista como
buenamente le apetezca, y ¡adelante! que
todo está por hacer y todo es posible.