Cantos rodados y letras afiladas, recuerdos, guiños literarios, inquietudes... La vida, mis cosas y yo.
lunes, 12 de febrero de 2024
martes, 6 de febrero de 2024
2024 02 06_DEIA, NdG eta DdNNav_Xake legislaturari? ⏱️⏱️⏱️



______ Xake-mate legislaturari?
Ez dut neure burua bereziki adimentsutzat, hori bai, langilea naiz, zintzoa, ikastea gustatzen zait, baita ere iritzi- eta ideiak aurrez aurre jartzea eta gertakariei burua inoiz jaitsi gabe aurre egitea. Guztioireriko errespetua premisa gisa baina norberaren buruarekiko errespetutik hasita. Legelaria naiz, lege-emakumea, Zuzenbidea maite dut eta, horregatik juxtu, kontraesana norbaiti iruditu arren, politika maite dut ere. Hori esanda, Espainiako politikari jakin batzuen jarrera ikusita, txunditurik nagoela aitortzen dut. Beren komenientziara eta interes pertsonalera txirikordatutako egiaren jabe direla adierazten dutenei buruz ari naiz, Diputatuen Kongresuan 7 eserleku dituztelako eta Waterloon egoitza duen parafernalia mediatiko bat, haientzat arreta eta errespetua eskatzen dituztenek hori bera besteei ukatuz. Epailetzan dagoen joko zikin-ebidentzia gehitu behar zaio horri, non epaile konkretu batzuk hain eroso sentiste direla diruditen. Batzuk katalanen interes orokorroren aldeko benetako apostua berea dela esanez, guztionerako jokoaren arauak behin eta berriz aldatzen dituzten bitartean, beren zaldi irabazleari soilik apustu eginez. Besteek, togak ematen dien immunitatearen babesturik, errealitatea bihurrituz: desobeditzea, protesta egitea, manifestatzea edo edozein ondorio juridiko ukatzen zaion erreferendum deialdi parte hartzea, edo, horregatik hain zuzen ere, ezin da terrorismotzat hartu. Eta burugabekeri honen erdian, Sanchez Gobernua, ahula eta kakati, dagoeneko huts egin duen legislaturari itzuriz.
Urkullu Lehendakariak adierazi zuenean Sanchezek "boto guztien" beharra izango zuela "denbora guztian", ez dakit imajinatu ahal izan zuen atzera-kontua segidukoa zela. Hona hemen ere onartezinezko desegonkortasun instituzionala, ze Sanchezek berehalako katarsi bat aktibatzeko aukerarik ere ez daukan: Konstituzioak dio presidenteak ezin dituela hauteskunde orokorreak deitu Gorteak azkenekoz desegin zirenetik urtebete igaro arte.
Xake-mate legislaturari? Inork al daki?

lunes, 29 de enero de 2024
Tres columnas, tres, que firma Carmen Oteo en el Diario de Jerez, triple regalo... 📑📑📑
Los que lo han vivido lo saben. Nada más desgarrador que ver deshacerse la casa de los padres entre peleas de hermanos, recuerdos revueltos y dolorosos, reproches insignificantes, omisiones clamorosas, heridas abiertas de un dolor profundo que no hacen sino incrementarse con el paso los años. Y la aparente indiferencia y el yo no quiero nada y el esto lo dijo papá y aquello mamá lo sabía. Todo se vuelve en blanco y negro y las caras se ensombrecen de desencanto y frustración. Es como volver a la niñez sin inocencia, para ser infelices y culpar a los demás de lo que hemos terminado siendo.
Soy vieja en esto, muy vieja, porque he visto desde niña deshacerse grandes casas ajenas. He visto el daño que produce abrir un cajón, el desgarro al encontrar una nota manuscrita, el dolor al hacer recuento de platos y cubiertos. El desconcierto al sacar un tablero que ya nunca más se podrá poner sobre la mesa para que quepan todos porque, hace ya mucho, que, unos y otros, fueron desertando de ese quirófano de operaciones a corazón abierto que es una comida familiar.
Aunque se repartan por sorteo y en lotes iguales las cosas de una casa, siempre habrá aquel que no esté de acuerdo, que piense que le ha tocado el peor lote (lo lleva pensando desde que nació) o el que ni tan siquiera acuda a recoger sus cosas porque piense que su vida es otra cuando él sigue siendo el mismo. En todas las casas hay al menos un díscolo y, en algunas, lo son todos.
Se queda en la memoria para siempre, como en las paredes, la suciedad marcando el rastro de los cuadros que estuvieron allí colgados. La suciedad cuadriculada de un paisaje que por tanto tiempo nos acompañó y fue nuestra seguridad y hoy nos hace vulnerables.
Poco se puede hacer cuando a la vida llega el momento de deshacer la casa. Percibir que todo es regalado, incluso el dolor que produce. Que ya hemos recibido lo que somos cada uno. Que es posible querer a nuestros hermanos, a cada uno de ellos sin juzgarlos, aunque no lo sientan y no los comprendamos y nos hayan hecho sufrir mucho. Dejar que pase el tiempo y un día poner una bonita mesa con manteles, platos y cubiertos de entonces, con un centro de flores delicado, con el mimo y entrega de una madre. Una mesa que nos recuerde a aquellas en las que ya nos peleábamos de niños y creíamos que éramos felices. Y llamarlos y que acudan a esta otra casa que habrá que deshacer un día.
Diario de Jerez y otros del Grupo Joly
Carmen Oteo Barranco
2024 01 14_
_______ El plumero
Se le ve a usted el plumero”, me ha escrito más de un lector en su sagrado espacio de los comentarios que se publican a pie de página. Lo curioso es que también me sueltan con sorna algunos amigos: “Carmen, tú es que no te mojas en los artículos”. Yo siempre agradezco a unos y otros lo que me dicen porque pienso que es una gran suerte que me lean y un acto de generosidad que lo comenten.
Resulta extraño que llame la atención que se me vea el plumero y a la vez que piensen que no me mojo, no tanto por la contradicción en sí, sino porque yo, el plumero, lo llevo siempre bien visible para que se me note sin tener que hablar de él. En los artículos y en la vida lo exhibo sin el menor pudor. El plumero ideológico, el religioso, el de la amistad, el del compañerismo, el de los placeres, el de todo aquello que cimenta lo que soy. Los exhibo, pero no hago proclamas, ni confesiones de fe porque tengo la experiencia de que muchos de los que enarbolan los grandes conceptos lo hacen para servirse de ellos. La ideología es pensamiento y responsabilidad, la religión es creencia íntima, la amistad es amor del bueno, el compañerismo es respeto y profesionalidad. Las mejores cosas de la vida se defienden a través de nuestros comportamientos que han de ver los demás en nosotros sin necesidad de carnés ni de medallas ni de confesiones públicas.
Por eso me enorgullece que me digan que se me ve el plumero. Lo llevo como una vedette al bajar las escaleras en esta revista de variedades que es la vida: sin mirar al suelo, abierto a la espalda mientras me contoneo para que me miren, formando parte del cuerpo de baile porque una no es una estrella ni tiene las piernas lo suficientemente largas. Lo llevo como si me estuviera pintando Tolouse-Lautrec en el Molen Rouge en una suerte de elocuente intimidad exhibida.
Y sí, también me ilusiona que me digan que no me mojo. Entiendo que quieren decir que no digo continuamente donde profeso y que me escapo de la actualidad siempre que puedo. Tienen razón. De vez en cuando, escribo un artículo que satisfaga a los que me quieren ver chorreando para poderme dedicar a lo que de verdad me interesa. Pero, además, no quiero que me encasillen porque no soy capaz de no ver buenas razones en los demás y algo de torpeza en las mías. Lo hago, no para eludir contar lo que pienso sino para que conozcan mejor mi intemperie, que es la de todos.
Diario de Jerez y otros del Grupo Joly
Carmen Oteo Barranco
2024 01 21_
_______ Azar y tiempo
Tan interesante como detenerse en las obras al visitar un museo es observar a los demás mirando los cuadros o pasando casi de largo. Descubrir a los que intentan hacerse una foto ante una pintura célebre, a los vigilantes que nos miran de reojo o a los copistas que se afanan por estar a la altura de obras inalcanzables. Afinar el oído para escuchar a los guías con sus saberes comunes y académicos o el comentario fascinante de alguien que siente una verdadera emoción ante un cuadro. Visitar un museo es mirarlo todo, mirarse, mirar.
Hubo un tiempo en que soñé con vivir en Madrid sólo para poder escaparme a diario al Museo de El Prado. Acudiría a la caída de la tarde, que se puede entrar gratis, a ver una obra cada visita y, así, salir alimentada hasta el día siguiente de luz y de pintura. No ha podido ser y, por eso, cuando voy, tengo los ojos nuevos de quien sólo de tarde en tarde vuelve a emocionarse en el reencuentro con los cuadros y la historia que cada uno me trae consigo. El día que por poco pierdo el tren por detenerme más de la cuenta ante “La familia de Carlos IV”, aquel otro que estaba tristona y “Las Meninas” me consolaron o cuando pedí quedarme un poco más, sólo un poco más, delante del retrato del organista de Vicente López.
Amenaza el ministro de Cultura, con hacer una revisión de los museos estatales para superar un marco colonial y apoyar a autores borrados o censurados. No sé qué quiere decir con eso, pero suena a poner las sucias manos de la política en el arte, a pretender imponernos un catecismo cultural por el que se rescriba la historia, cuando los museos españoles pueden presumir, no digamos El Prado, de gestión y criterio, de saber plantear interrogantes, de hacernos reflexionar con exposiciones temporales. De verdadero conocimiento frente a ocurrencias y conveniencias políticas.
Yo llevaría al Sr. Urtasun a la milenaria Cádiz y a su museo. En él conviven los sarcófagos fenicios, la arqueología romana, los zurbaranes de la Cartuja de Jerez, la pintura barroca y la del XIX y la contemporánea; las marionetas de la Tía Norica y todos los visitantes subyugados. Se ha formado este museo con la sabiduría que a Cádiz le da mirar al mar y ser una ciudad abierta y, como todos, gracias a una mezcla de azar y tiempo. Cualquiera se empequeñece ante tanta riqueza y diversidad. Hasta un fugaz ministro de Cultura que sepa mirar de verdad.
Diario de Jerez y otros del Grupo Joly
Carmen Oteo Barranco
2024 01 28_
📑📑📑
miércoles, 24 de enero de 2024
Una de cine... 💓💓💓
Una de cine... 💓💓💓
Ni siquiera se le podía llamar habitación. Era un cuarto interior y sin pintar que estaba al fondo del larguísimo pasillo de la casa de la amona. Olía a cerrado, serrín y madera vieja. No en vano el único hueco de ventana que tenía, casi pegado al techo, era apenas un ventanuco que nunca se abría y que, de abrirse, daba a la carpintería del aitona Roman. Un cuarto, casi oscuro, que un día la ama acondicionó para mi.
Le dio una mano de pintura gris claro, despejó las baldas que ocupaban la escuadra izquierda de la pared hasta entonces repletas de cacharros de todo tipo, inservibles, apartados o simplemente olvidados, y vació de cajas viejas y vacías el interior del armario que, pareciéndolo, no lo era, y que tenia la culpa de que el cuarto pareciera, no siéndolo, tan pequeño. Es que cuando abrías las puertas de ese no armario, cuatro hojas de madera sin pulir y sin zócalo, te encontrabas con nada, tras ellas sólo había hueco. Un hueco enorme, eso sí, y lleno de polvo, una especie de habitación dentro de otra, a mi me fascinaba...
Colocó allí dentro un raído baúl que fuimos llenando de ropas de otras épocas, vestidos viejos, restos de lo que fueron tocados de fiesta, mantones, adornos, puntillas y cintas y algún elegante sombrero. Una especie de casa de los disfraces que, con el paso del tiempo, necesitó de un segundo cajón y más tarde de un tercero. Un taburete bajo en el que me sentaba para mirar a ver esos baúles, se quedó definitivamente fuera cuando, recuerdo ahora, el Olentzero me trajo una bici por Navidad y le hicimos espacio en el lateral izquierdo de ese hueco-maravilla en el que, ahora sí, ya no quedaba sitio para nada más salvo mi manos de niña para ordenar, doblar y volver a doblar y ordenar otra vez, como si fueran mis mejores galas, tanto trapo viejo.
¿El resto del cuarto? Un tablero de chapa-cumen clavado en la pared, una tabla sobre dos caballetes que pasó a ser la mesa perfecta, una bombilla en condiciones y la puesta a punto del interruptor de la luz que no estaba el pobre para muchas novedades.
Ella ni siquiera se dio cuenta... la ama era sencillamente así, así lo era conmigo, conmigo había lo que siempre estaba o de más o de sobra... digo que con aquello me regaló mi primer lugar en el mundo, mi territorio, un espacio propio y sólo para mi. Y que cada vez fui haciendo un poco más mío... mis primeros libros, todos los que vinieron después, los juegos que se iban quedando atrás, no sé... el Exin-Castillos, el de química, creo que tuve uno de magia... los singles y el comediscos rojo, la vieja Larousse del aita, la guitarra, revistas de cine, de música, de labores, los apuntes del cole, fotos de chicos pegadas con celo a la madera, poemas escondidos, el primer cassette... Y todos mis tesoros.
El primero de ellos llegó no sé ni cómo, seguramente era un trasto más de entre la colección de cachivaches acumulados en aquel cuarto cuando sólo era el cuarto oscuro del final del pasillo. Lo cierto es que un día me la encontré sobre una de las baldas, ya limpias y casi vacías, siempre he pensado que fue cosa de la amona Bale... Le habían quitado el polvo, cuidadosamente, pero poquito más se había podido hacer, tenía manchas de humedad y alguna de sus esquinas estaba rota, casi podrida. Eso sí, lo que se tenía que ver se distinguía perfectamente.
Era una tablilla rectangular de cartón piedra, muy parecida a aquellas otras que solían colocarse en los escaparates de los cines para anunciar la peli de la semana o el próximo estreno, pero era más pequeña y mucho más vieja. La imagen parecía coloreada con esos tonos pastel tan característicos de las postales vintage aunque no podría asegurarlo, no lo recuerdo bien. Pero a él si, perfectamente, en el centro de la imagen y vestido de oscuro, lo que hacía resaltar el blanco de las teclas blancas y el fuelle del acordeón. Había también algo escrito que ya no recuerdo. Pero a él sí, tan joven, tan guapo, tan-tan guapo mi tío Carlos... No me cansaba de mirar, de mirarlo, el tío Carlos, ¡actor de cine! O no, o casi, o qué más me daba...
Esa tablilla fue lo primero que colgué del alto de la estantería. Y era lo primero que se veía y te echabas a la cara cuando encendías la luz de ese cuarto que un día fue oscuro pero ya nunca más. Porque aunque el incendio de diciembre del 74 se llevó por delante cuarto, casa y carpintería, lo cierto es que dejó intacto todo lo demás. Porque no hay mejor corta-fuegos que una infancia feliz y todos los recuerdos.
Él, mi amigo Manuel, D. Manuel Fernández de Ollo, sonrío... es quién recuperó estas imágenes, imborrables ya, de no sé qué archivo histórico de a saber qué cinemateca. Lo que él no sabe es que me regaló, o me devolvió, un trozo de mí. Algo así como una nueva tablilla de amor y cartón-piedra pero depositada, esta vez, sobre la balda gaztelumendi de mi corazón.
Nere osaba maitea... ay...
💓💓💓
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