lunes, 10 de diciembre de 2012

Día Internacional de los Derechos Humanos, le dicen...

Un año más. Nada ha cambiado, el mismo mensaje, la misma rabia, puro hartazgo... 

Hoy se cumplen sesenta y cuatro años del día D en que la ONU proclamara con toda solemnidad la Declaración de los Derechos del Hombre, ya me contaréis... O mejor no, que este perro mundo sigue siendo el mismo infierno de entonces, de siempre, para según quién. Y hay millones de según quién. Y suma y sigue…

La hambruna del tercer mundo y del siguiente, los juicios sumarísimos, los periodistas silenciados, las mujeres golpeadas y las muertas a golpes, las tapadas, las lapidadas, las invisibles… los niños sin infancia, los exiliados, los condenados a muerte, los apátridas y los sin papeles, los explotados… los enterrados en la cuneta, los que les aguardan en casa, tantos gobiernos sin vergüenza, el Vaticano sin alma, los refugiados de Tinduf, la Gaza palestina, Darfur, Siria y Haiti, el Sahara ocupado, las guerras con cuartel, los perros de la guerra, los conflictos olvidados... Y hoy, además, los trabajadores sin trabajo, jóvenes y viejos, las familias sin pan, los desahuciados, los sin hogar y sin futuro, perra vida ésta que campa a sus anchas justo ahí, frente a nuestras narices.

El mundo celebra hoy el Día Universal de los Derechos Humanos. Será el que pueda. Y los que no tienen conciencia.




martes, 4 de diciembre de 2012

Tiempo de cerezas

Buscando ya no recuerdo qué tropiezo con lo inesperado... Mi cachorro pecho-látigo, que entonces le decía su attona, mil años ha sin ser tanto tiempo, tiempo de cerezas en Jerte y también en mi corazón...
Que no nos pisen las flores, que diría y lo aprendí de quien sabe caminar sin duelo.
Nostalgia, pura vida...
Román...



viernes, 30 de noviembre de 2012

Caballero Bonald. Flamante Premio Cervantes 2012

Y tú me dices
que tienes los pechos rendidos de esperarme,
que te duelen los ojos de estar siempre vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.

Y tú me lo dices que sabes
que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,
de lastimar mis labios con la sed de tenerte,
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas,
una nueva manera de rescatarte en vano
desde la soledad en la que tú me gritas
que sigues esperándome.

Y tú me lo dices que estás tan hecha
a esta deshabitada cerrazón de la carne
que apenas si tu sombra se delata,
que apenas si eres cierta
en la oscuridad que la distancia pone
entre tu cuerpo y el mío...

                                                                        ESPERA
                            José Manuel CABALLERO BONALD























Sé de alguien que hoy está muy-muy contento... La amistad es lo que tiene, que es sabia y reconfortante. Entre poetas anda el juego éste de la literatura amiga.