viernes, 12 de diciembre de 2014

"Platero y yo" cumple 100 años. Platero eta biok...

         "Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: ¿Platero? y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe en no sé qué cascabeleo ideal..."








































































         "Txiki, iletsu, leguna da Platero; azalez hain biguina ta dana linaberazkoa dala, hezurrik ez daukala esan liteke. Haren begien azabatxezko ispiluak bakarrik dira gogorrak, bi leiarrezko kakarraldo iduri. Nik hura askatu ta ba-doa larratzera ta loretxo gorri, urdin et horiai maite egiten die epelki, bere muturraz ozta-ozta ukitzen ditularik... Nik ari ¿Platero? goxoki dei egin eta ba-datorkit taka-taka alai batekin, parre antzean, ez dakit zer ametsezko txintxil hotsekin..."

Illunabarra...


























... sutan blai.
Etxeko lehiotik, bihotz zabala.
Click

Cuando la plata quieta se pinta de colores




























Un anochecer de diciembre, La Caleta...
Que es plata quieta.
Gracias a Manuel y a la Niña.
Y ya.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

Luz y plata. La Caleta...


Que Sevilla tiene un color especial no hay quien lo dude, lo digan o no coplas y mentideros. Pero no es menos cierto que Cádiz tiene, además, las aguas de la mar de La Caleta.
Que es plata quieta...















Fantásticas las fotografías de Manuel Sánchez Quijano e increíble el anochecer...
4 de diciembre de 2014.
Uno más. Y esa bahía...

domingo, 7 de diciembre de 2014

"Bulerías nazis", de Enrique Montiel de Arnáiz.
























Se lo debía... Lo sé, no es tanto deber, al fin y al cabo sólo soy una lectora más. Pero dicen que lo prometido es deuda. 
Y digo que desde que supe que estaba en ello, en ordenar viejos relatos haciendo sitio para los nuevos, me picaron la curiosidad y las ganas, que hay mucho que leer por esos lares, ellos que escriben tan bien. Primero el Montiel primero y luego que de tal palo tal astilla…
Cuando llegaron, me sorprendió, ya de entrada, la hora cortita que duró el tiempo que fue de saber a ver impresas sus “Bulerías nazis”. Y me dije, hay que ver, lo consiguió… Pero es que él es así: grande, trabajador y echau p’alante, tenaz. Y conseguidor de sueños. 
Me sorprendió luego el sugerente rojo-blanco-y-negro de la portada, potente contraste, humo gris y manos pintadas, fantástica esa portada… Y sin más misterio, me vi leyendo, despacito y por su orden, una sucesión de relatos que, sinceramente, no esperaba. Caprichosas sus bulerías y exigentes, sin que uno apenas lo note, para el lector.
Porque cada una de ellas te pide su ritmo, su tiempo, diría incluso que su propio compás. Tanto es así que hay títulos que para decirse leídos han de leerse unas cuantas veces. Empezando por el prólogo que firma Rafael Marín, qué maravillosa puerta de entrada… un cuento es un argumento comprimido, una anécdota en el camino, una reflexión a vuelapluma, un pasacalles… En este caso no uno, sino veintidós. 
Casi nada, 22 historias, se dice pronto… 
No todas me gustan igual y las que me gustan mucho sólo se parecen en lo mucho que me gustan. Y si como mentan por ahí, un relato es la ambrosía destilada de una historia, saborear, relamerse y dejarse hacer es una de las claves, aunque seguro que hay más.
Relamidas todas te digo, te cuento, cuáles y por qué...

- Bulerías nazis - es el primer relato, potente punto de enganche, y se nota…  pero es que la Venta de Vargas, ella sola, ya me quita el sentío, punto pelota… y un Elias Echegoyen que se pasea por ahí y que a saber…
- El desertor - un brillante cuento oscuro... sencillamente desgarrador…
- La meiga - con ese guiño a Gloria Fuertes, mi debilidad… y ese constante mirar gatuno... embaucador...
- Apocadizsis - un tobogán vertiginoso… y lo confieso, el título me golpeaba, pero pasé de la aprensión al aplauso sin solución de continuidad... impecable...
- La Casería - un corto relato corto, de los más, y diciendo tanto... tan lleno de luz, de casi todo… me conmueve...

Y si dicho estaba, lo digo de nuevo: gracias... Gracias, Letrado, porque estas tus bulerías guapas son un regalo.
Dicho estaba, dicho queda.