lunes, 18 de julio de 2011

Inolvidados setenta y cinco años

La Guerra Civil desatada en julio de 1936 tras el fracaso inicial del golpe de Estado contra la República y por las dudas de los generales que la apadrinaban es, transcurridos 75 años, un capítulo no cerrado de la historia. Tres generaciones después las heridas siguen abiertas y, sin embargo, las cunetas y fosas comunes donde quedaron enterradas miles de personas que defendían los ideales republicanos o que simplemente no respaldaban las intenciones de los golpistas, continúan sepultadas todavía, en muchos casos, por un incomprensible desamparo institucional que, cada vez que se ha intentado paliar, ha topado con la furibunda reacción de un sector político empeñado, en muchos casos, en reescribir la historia. A la conclusión de la contienda bélica siguieron 40 años de victoria que, aún a día de hoy, siguen pesando como un lastre del que parece difícil terminar de despojarse. Tan atadas y bien atadas dejó las cosas el general Franco...
Incluso, 75 años después, incomprensiblemente y como ponen de manifiesto los expertos, hay documentos cuya existencia es conocida pero que nunca han visto la luz y que ayudarían a clarificar muchos capítulos y desmontar otras tantas teorías. No se sabe si esos papeles se extraviaron, si los destruyeron deliberadamente o si siguen escondidos, pero como subrayan los historiadores, en pleno siglo XXI resulta muy complicando realizar una investigación en profundidad sobre, por ejemplo, las personas fusiladas. Ha sido en la mayoría de las cosas la iniciativa popular la que, superando la apatía e incluso las trabas de las instituciones gobernadas por la derecha, ha tratado de poner negro sobre blanco en una fase trágica y sangrienta de la historia. La sombra del general que acabó liderando el golpe -anécdotico o no, los otros dos pesos pesados del alzamiento murieran en sendos accidentes- cubre treinta años más allá de su muerte a quienes siguen teniendo problemas a la hora de condenar aquel baño de sangre o hacen oídos sordos a las justas reclamaciones de quienes perdieron a sus familiares -en una matanza nada discriminada y bien dirigida- cuyos descendientes continúan reclamando apoyo para localizar y honrar sus restos. Han pasado 75 años, las heridas siguen abiertas y la historia todavía no ha conseguido escribir el punto final...







 

... porque la historia la escriben los vencedores, sencillamente. El perdón es individual, como el olvido. Cada cual sabrá, si puede. 
El no olvido es otra cosa, porque es cosa de todos. O debería...

sábado, 16 de julio de 2011

Le coin perdu...

"Excuse mes lèvres, car ils trouvent du plaisir dans les endroits les plus inattendus..."




Je suis folle de tes lèvres, absolument. La folie...

Tempus fugit...



Let's do it, let's fall in love... rendida, lúcida, consecuente...



jueves, 14 de julio de 2011

Más allá de ola y espuma...

"Ahora te quiero,
como el mar quiere a su agua:
desde fuera, por arriba,
haciéndose sin parar
con ella tormentas, fugas,
albergues, descansos, calmas.
¡Qué frenesíes, quererte!
¡Qué entusiasmo de olas altas,
y qué desmayos de espuma
van y vienen! 
Un tropel de formas, 
hechas, deshechas,
galopan desmelenadas.
Pero detrás de sus flancos
está soñándose un sueño
de otra forma más profunda
de querer, que está allá abajo:
de no ser ya movimiento,
de acabar este vaivén,
este ir y venir, de cielos
a abismos, de hallar por fin
la inmóvil flor sin otoño
de un quererse quieto, quieto.
Más allá de ola y espuma
el querer busca su fondo.
Esta hondura donde el mar
hizo la paz con su agua
y están queriéndose ya
sin signo, sin movimiento.
Amor
tan sepultado en su ser,
tan entregado, tan quieto,
que nuestro querer en vida
se sintiese
seguro de no acabar
cuando terminan los besos,
las miradas, las señales.
Tan cierto de no morir,
como está 
el gran amor de los muertos."

                                                                                              PEDRO SALINAS - Ahora te quiero-


miércoles, 13 de julio de 2011

Fragmento

Reconozco que me gusta más cómo escribe que lo que escribe y no soporto a su Manolito Gafotas que, seguro, es el culpable de que, cuestión de prejuicios, le haya leído poco. Sus artículos en El País del fin de semana y una rápida incursión a una de sus novelas, fracaso...  
Ésta, sin embargo, me ha sabido a poco, la verdad. Y me ha gustado mucho, pero mucho-mucho...


"No sé si la lectura continua de todas esas novelas había influido en su forma de expresarse, pero cuando años más tarde me entregué yo a Fortunata y Jacinta, encontraba personajes, como doña Lupe la de los Pavos, que hablaban igual que ella, y esa habla familiar me provocaba casi más melancolía que la despertada por la propia historia de la desgraciada Fortunata. Mi tía hablaba con una dicción perfecta, propia del Bajo Aragón, y parecía tener, como mucha gente por esos pueblos, un micrófono en el abdomen que hacía que su voz resonara y te alcanzara allí donde estuvieras en aquellas ocasiones en que yo tenía motivos para esconderme. Su manera de expresarse era rotunda, tierna en momentos contados, y tenía la facultad de ser hiriente sin la necesidad de soltar una palabra sucia.


Sus ideas no eran franquistas, aunque ella lo creyera, sino las que se desprendían del universo moral de las novelas del siglo XIX que leía. La aceptación de sus frustraciones, la dignidad con la que, a pesar de la burla (que siempre perseguía a la mujeres solas), se plantaba ante el mundo, era el eco de otro siglo. Le gustaba el orden establecido, temía los cambios que ya se anunciaban sutilmente, y era religiosa, sí, pero detestaba el talante aprovechón de los curas que se presentaban a comer de gorra y en los que creía adivinar una pulsión sexual que se desfogaba con sobrinas, sirvientas o monaguillos. No sé de qué forma llegaba esto a mis oídos en una familia en la que jamás se hablaba abiertamente de sexo, pero supongo que muy pronto aprendí a descifrar las claves de lo que no se decía. Ella era una puritana de una pieza, fiel a un mundo del que se olía la incipiente decadencia, pero, de la misma forma que defendía a Franco por amor a su hermano muerto, anunció que votaría al Partido Comunista, aun detestando a los rojos, si su sobrino se presentaba a las elecciones.


Su contacto con el mundo exterior se basaba en emociones delegadas de sus hermanas casadas o de sus sobrinos, aunque no era difícil intuir que escondía un territorio íntimo que se me antojaba muy misterioso. Cuando nos subíamos al coche en septiembre para volver a la ciudad y a la escuela, ella se despedía levantando la mano desde el umbral de la casa, dibujando una sonrisa en su cara que tenía como misión contener el llanto. A mi se me hacía también un nudo en la garganta, por la pena de no verla en meses, pero también por ella, imaginando sus andares solitarios por las habitaciones que nosotros habíamos llenado durante el verano, dejando cosas por medio, actuando con la habitual desconsideración de los niños, bulliciosos, metomentodos. No se me pasaba por la cabeza imaginar que ella podría disfrutar de su recién estrenada soledad. Tan convencida estaba yo de que su vida sin mi, sin nosotros, carecía de significado, que me olvidaba de su implacable sentido de la independencia, el mismo que le hacía cerrar la puerta sin culpabilidad ni contemplaciones al cura, a los perros vagabundos o a esas visitas a deshora que son la pesadilla de  los pueblos. Ese aspecto tozudo e insobornable de su carácter que luego he entendido tanto reconociéndolo en mi se diluía, me quedaba solo con la imagen de la tía en aquel umbral, en su andar melancólico por la casa en penumbra, acompañada más por los muertos que por los vivos, que siempre acabábamos abandonándola..."