miércoles, 18 de julio de 2012

Madiba

No sabrás lo que es una pasión verdadera si te conformas con una vida que es menos de la que eres capaz de vivir. Por favor, no se te ocurra abandonar la partida de tu vida. Y no te conformes con un resultado de tablas, estás jugando tanto a tu favor como contra ti: si pierdes, pierdes por partida doble, si ganas, ganas por partida doble. O infinitamente más. Porque no sólo eres tú el que gana o pierde ya que el resultado afecta a todos los demás.

Hoy cumple noventa y cuatro años, la dignidad intacta. Admirable, una personalidad fascinante, singular. Y entrañable. Nelson Mandela...


Espejos, norte y sur. Y Gabo.

GABO SIN MEMORIA




"Pasé sin transición de las aventuras de Los Cinco a El coronel no tiene quien le escriba. Recuerdo la cara extrañada de Nati, la librera, cuando me vio coger el ejemplar del expositor de Bruguera. “No sé si lo vas a entender”, me dijo y trató de convencerme de que si iba a empezar a leer “cosas de mayores”, tal vez era mejor que me estrenara con Barrio de Maravillas de Rosa Chacel. Desde la suficiencia de mis doce años recién cumplidos, miré con desdén lo que por su portada naif me sonó a novelita para chicas, puse en el mostrador dos billetes de cien pesetas —mis ahorros de varias semanas—, y salí de la tienda con aquel libro, rezando para no encontrarme con mis amigos y tener que darles explicaciones de mi nueva rareza.

Aquí podría exagerar la nota y decir que no volví a ser el mismo tras asistir, página a página, a la espera sin esperanza de Aureliano Buendía, a quien imaginaba con la cara llena de arrugas y el gesto de haberlo vivido todo de mi abuelo paterno. Seguramente, no fue ni para la mitad, porque ya apuntaba maneras de futura alma atormentada —pura pose, no cunda el pánico—, pero algo sí debió de moverse dentro de mi, pues en los meses sucesivos fui invirtiendo mi paga, creo que por este orden, en Los funerales de la Mamá Grande, Crónica de una muerte anunciada, El otoño del patriarca (¡toma ya!) y, finalmente, Cien años de soledad.

La misma profesora de literatura con la que aprendí que todas esas historias que me subyugaban recibían el nombre de “realismo mágico” me descubrió el Pedro Páramo de Juan Rulfo y bajé a Gabriel García Márquez un peldaño de mi pedestal. Luego, me regalaron una edición barata de El perseguidor y otros cuentos de Cortázar con un pétalo en su interior, y volví a relegar a Gabo. Hoy, cuando leo que una maldita enfermedad le anda robando la memoria, por si un día me pasa lo mismo, he corrido hasta aquí a fijar mis recuerdos, que también son suyos."
                                                                                                                   Javier VIZCAÍNO
                                                                                                    -blogs.deia.com
                                                                                                    Publicado el 16 de julio 2012-   
                                                                                                                                                                                         

SIC TRANSIT GLORIA MUNDI, DELIA

Sic transit gloria mundi, Delia... Son las primeras palabras de una novela que me fascinó, Florido mayo. Su autor, Alfonso Grosso, más tarde gran amigo, lo era de Luis Berenguer, el inolvidable autor de El mundo de Juan Lobón, muerto en La Isla de Camarón el 14 de septiembre de 1979. Era el tiempo de los grandes novelistas andaluces, Grosso (Nobel in pectore, lo llamó el maestro Antonio Burgos), Berenguer, Caballero Bonald, Requena, Fernando Quiñones, Manuel Ferrán, Accuaroni, Ortiz de Lanzagorta, Vaz de Soto, Julio de la Rosa... Ruiz Copete, siempre generoso, lo estudió amplia y sabiamente. 

Pero yo no quería hacer la laudatio de una generación magnífica de artistas magistrales sino recordar, al hilo de lo que ahora le ocurre a Gabo García Márquez, que se ha ido, no está, no recuerda nada, no sabe quién es, que algo parecido le sucedió a nuestro Nobel in pectore, al grande Alfonso Grosso. Ya sospechábamos que algo le ocurría. Sobre todo una tarde en que paseábamos lo dos por la calle Columela cuando nos encontramos con Fernando Quiñones. Las relaciones entre ambos no habían sido muy cordiales (y no por el gaditano, siempre amigo, sino por el sevillano, arbitrario de suyo y mucho más con copas), pero ese encuentro fue sorprendente. Alfonso abrazó a Fernando con mucha emoción, para sorpresa de éste, y mostró que nada nunca había ocurrido en el pasado. Fuimos los tres a beber una cerveza y, en un momento dado, Quiñones me dijo: “Si no lo veo, no lo creo, Enrique. Me parece que Alfonso piensa que tú eres Luis Berenguer”. Por algunas otras circunstancias a mí me lo pareció también. Y ya luego empezó a triunfar el tobogán. Hasta que supe, poco después de haber almorzado con él en Sevilla, que había desconectado también, yendo a algunas librerías de amigos sin saber ya quién era, ni con sus libros en las manos, diciendo que decían que esos libros los había escrito él. Como si esto fuera un disparate.

Quizá por haber vivido como propio el drama de Alfonso Grosso, realmente triste y doloroso, ahora lo de García Márquez viene a añadir más tristeza a la tristeza. Tuve la oportunidad de estar en Cádiz con él, cuando Rafael Román logró traerlo a la provincia. Fui uno de los privilegiados que pudo compartir con el colombiano toda una velada amable en donde oímos su sabiduría y vimos su magia de palabras evocadoras y de compromiso con su tiempo. Ahora ya no sabe que es García Márquez, ni recuerda Macondo, Aureliano Buendía ni la tarde inolvidable en la que recibió del Rey de Suecia el Premio Nobel para Colombia, la lengua que nos une, y su propia obra, legado indeleble de la literatura universal. Penoso de verdad un fin así.

                                                                                                                   Enrique MONTIEL
                                                                                              -El Pinsapar - Diario de Cádiz
                                                                                               Publicado el 10 de julio 2012-


En dos palabras

Una mentira en dos palabras: no puedo...




martes, 17 de julio de 2012

Ane: tal cual.

"Si me permitís, voy a reproducir en el blog esta carta que me ha enviado Ane, una periodista donostiarra.

Me llamo Ane. Tengo 25 años. Soy de Donostia, la ciudad en la que vivo con mi novio neozelandés, en un pequeño apartamento de alquiler. Me licencié en Humanidades y Comunicación en 2009 y tuve la suerte de empezar como becaria en un periódico, donde aún sigo trabajando.

Hablo euskera, castellano, inglés e italiano (idioma que aprendí durante mi periodo de Intercambio Internacional en Florencia). Me gusta pasar tiempo con mis amigas, viajar y conocer gente nueva, aprender de cada cosa que me rodea o aparece en mi vida, divertirme en mi tiempo libre, salir a cenar o de fiesta y aprovechar cada minuto. Soy abierta, tengo amigos de todas partes del mundo, de diferentes culturas y países. Soy solidaria, consciente de las distintas realidades que existen en el mundo y comprometida con ellas. Me horroriza cualquier tipo de violencia, me parece lo peor. También soy tolerante y cuido del medio ambiente en mi día a día. Estoy bautizada, pero no me considero católica, yo misma he decidido lo que quiero ser y en lo que creer.

Me preocupa muchísimo mi futuro profesional y el mundo que se nos queda a los jóvenes. Quiero llegar lejos en mi carrera y estoy convencida de que podré hacerlo al mismo tiempo que formo una familia, lo tengo clarísimo.

Soy una chica con criterio, que no se cree lo primero que lee en un periódico o se publica en los medios y que busca más allá de la superficie. Pienso que votar no es sólo un derecho, sino una responsabilidad, por eso trato de hacer ver a mi gente (no sólo personalmente, sino también a través de Redes Sociales como Facebook o Twitter) que se debe votar con la cabeza, analizando cada opción, su pasado, su presente y por supuesto, su forma de hacer política.

Soy vasca, es mi identidad, mi cultura, mi país. Pero no por eso odio lo español. Todo lo contrario. Me parece un país y una cultura tan interesante como cualquier otra. Pero no es la mía. En definitiva, soy como cualquier otra persona joven de Euskadi, una más de miles, igualita.

¿A quién crees que voto?

Con una descripción como la que he hecho de mi misma, la mayoría de la gente pensaría que soy una persona de “izquierdas”. Pero no es verdad. “¿Entonces, qué eres, de ‘derechas’?”, preguntarían. No, tampoco. No soy ni de “izquierdas” ni de “derechas” directamente porque ninguno de esos términos tan simplificados puede referirse a nuestra realidad actual. Son dos conceptos que sí podían servir hace décadas, pero que hoy ya están caducados. Primero, porque los valores que supuestamente defendía la “izquierda” ya están asentados en la sociedad y son parte de ella. Son los valores éticos, morales y humanos que hoy por hoy rigen nuestra sociedad y son base de nuestra educación.

Por tanto, no son exclusivos de la autodenominada “izquierda”, sino de todos los ciudadanos. Y si en la sociedad vasca en la que vivimos ya no existe la “izquierda” es automáticamente imposible que se pretenda contraponerla a la “derecha”.

La realidad es diferente, y por eso los partidos ya no pueden clasificarse en “izquierdas” o “derechas”. ¿Y entonces, por qué son los propios partidos los que usan estos términos? ¿Por qué hay partidos que se denominan a sí mismos de “izquierdas”? ¿Por que esos mismos partidos definen a sus oponentes como de “derechas”? La respuesta es sencilla: por puro populismo.

Sí, es así. Como saben que la mayoría de las personas se identifican con esos valores éticos, morales y humanos (que son ya parte de nosotros), los partidos se apoderan de ellos y los usan como arma para ganar votos. Porque ¿quién no se identifica con la tolerancia, la solidaridad, la defensa del medio ambiente, el compromiso con el futuro, etc. hoy en día? ¿Qué joven de hoy no ha recibido todos esos valores en su educación? ¡Es totalmente absurdo!

Y lo más preocupante… Si un partido se define a sí mismo como de “izquierdas” y utiliza ese concepto como su principal arma como contraposición para lograr votos, estamos acabados. Sí. Porque eso significa que no tiene otra cosa firme que proponer que lo que ya tenemos.

No dejemos que nos confundan. Los términos adecuados no son la “izquierda” y la “derecha” Sino el “progresismo” y el “conservadurismo”. Y de repente ¡pum! la clasificación que teníamos hecha hasta ahora cambia. De pronto, un partido que es considerado de “derechas” por la mayoría pasa a formar parte de los “progresistas”.

Es el caso del PNV, que en todos sus años de andadura ha demostrado no sólo defender todos esos valores éticos, morales y humanos que consideramos “de izquierdas”, sino que ha estado por encima de esa estrategia populista, actuando en base a la realidad y sus necesidades.

Nadie puede negar que el PNV sea un partido que trabaja por el progreso de este pueblo. Y no hablo sólo de progreso económico, empresarial, industrial, científico o de innovación, dónde no cabe duda que lo ha hecho (sólo con fijarse en lo que en ese aspecto es el País Vasco, sobran los argumentos), sino también en otros aspectos más de ámbito social. Gracias al apoyo del PNV, los homosexuales pueden contraer matrimonio y las mujeres decidir interrumpir un embarazo que no desean, o quedan cubiertas por las instituciones las necesidades de los más desfavorecidos. Sus decisiones van más allá de la mera ideología. Es un partido realista que toma un camino u otro en función de lo que necesite la sociedad para evolucionar en cada momento.

¿Cuál es el problema entonces? ¿Por qué cuesta tanto darse cuenta de ello? Por dos motivos:

Porque se le ha considerado siempre de “derechas”, por los ideales bajo los que fue creado el partido (recordemos que ha llovido mucho, muchísimo desde entonces) y porque los partidos de la oposición han trabajado y muy duro en trasladar a la ciudadanía ese concepto para ganar votos para sí mismos.

Porque el PNV no se ha esforzado en romper con esa imagen tradicional con la que lo describen el resto de partidos. En la acción es progresista, pero no en la forma de darla a conocer. Usando términos en sus discursos como “fe” en vez de confianza o “senda” en vez de dirección, se echa piedras a su propio tejado. Lo hace también en su imagen, en su forma de organizar eventos, etc. Tiene que ser más actual en las formas, porque la sociedad y la cultura vasca son también más actuales. El arte vasco no son sólo los clásicos o los contemporáneos como Chillida u Oteiza, hay mucho más. Miles de artistas emergentes que están haciendo grandes cosas. Apoyarlos e identificarse con ellos sería lo ideal.

En definitiva, el PNV necesita romper con la equivocada imagen que tiene mucha gente del partido. En este juego, no vale sólo con hacer, hay que mostrar esas acciones y de forma correcta.
Por esta declaración de principios, cualquier persona podría deducir rápidamente que soy progresista. Sin embargo, muy pocos acertarían al contestar a mi pregunta “¿A quién crees que voto?”. Y lo que es peor, estoy convencida -porque lo veo a mi alrededor- de que hay miles de vascos que son exactamente iguales a mí en valores e ideología, en su forma de vivir la vida, pero que no se sienten identificados con el PNV. ¿Por qué? Porque jamás han hecho el esfuerzo de analizar el pasado, el presente y la forma de hacer política del PNV ni del resto de partidos. Se han quedado con lo que les han dicho y han leído y punto.

Así que, la respuesta es sencilla: pónganselo fácil. Muestren su pasado y su presente, su forma de hacer política, háblenles de manera clara, con palabras simples y fáciles de entender, pero sin perder la seriedad (no hay nada más ridículo que un político que trata de hacerse el guay entre los jóvenes). Comuniquen a través de otros canales, como actualmente lo hacen en Facebook o Twitter, muéstrense como las personas normales que son. Y entonces, habrá miles de jóvenes más que confiarán en el PNV por ser un partido progresista que durante todos estos años ha conseguido llevar a Euskadi, honradamente y a base de trabajo, a lo más alto, en todos los ámbitos."

Del BLOG personal de Iñigo URKULLU.
-17 julio 2012-


lunes, 16 de julio de 2012

I'll be watching you...

Hoy hemos desayunado en Leioa, apenas eran las ocho y media, mano a mano, mi cachorro y yo. Era mi primera vez, también la suya. La primera vez que pisaba yo el Campus de Bizkaia, la primera que pisaba él la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación. Y las que te rondaré, que van a ser unas cuantas. Mientras Roman cerraba el asunto de la matricula yo le observaba de lejos y me hacía cruces pensando en qué momento exacto había dejado atrás al chaval arrebatado que era para convertirse en el tipo aplomado y sonriente que parlamentaba con la administrativa de la Secretaria como si nada, a saber… Pero aún la conserva, versión mejorada además. Su vena canalla digo, ésa que le hace no bajar nunca la guardia, siempre alerta, espero que jamás la pierda. Ni la retranca que se gasta cuando toca, que va a necesitar de las dos, tiempos salvajes, koadrila, jóvenes y Universidad incluidos. Y solos no pueden. Quiero hacerlo bien, quiero decir que no me lo note. Y digo que la etxegoyen-madre abre desde ya la tapa de su particular caja de los truenos, ¿o es la de Pandora? Veremos… Mientras lo pensaba y pensaba, de vuelta al redil, sonaba con ganas la música de The Police, bendita sea la radio. Ama, está muy bajo... ¡sube el volumen! Sonrio… éste es de los míos…


Every breath you take
Every move you make
Every bond you break
Every step you take
Every single day
Every word you say
Every game you play
Every night you stay

I'll be watching you...