sábado, 21 de julio de 2012

Pedro Páramo, la novela...


"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. No dejes de ir a visitarlo -me recomendó-. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte. Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas..."

"Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su nostalgia, entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella suspirando por Comala, por el retorno; pero jamás volvió. Traigo los ojos con que ella miró estas cosas..."

"La madrugada fue apagando mis recuerdos. Oía de vez en cuando el sonido de las palabras, y notaba la diferencia. Porque las palabras que había oído hasta entonces, hasta entonces lo supe, no tenían ningún sonido, no sonaban; se sentían; pero sin sonido, como las que se oyen durante los sueños..."

"-No lo sé, Juan Preciado. Hacía tantos años que no alzaba la cara, que me olvidé del cielo. Y aunque lo hubiera hecho, ¿qué habría ganado? El cielo está tan alto, y mis ojos tan sin mirada, que vivía contenta con saber dónde quedaba la tierra. Además, le perdí todo mi interés desde que el padre Rentería me aseguró que jamás conocería la gloria. Que ni siquiera de lejos la vería... Fue cosa de mis pecados; pero él no debía habérmelo dicho. Ya de por sí la vida se lleva con trabajos. Lo único que la hace a una mover los pies es la esperanza de que al morir la lleven a una de un lugar a otro; pero cuando a una le cierran una puerta y la que queda abierta es no más la del infierno, más vale no haber nacido... El cielo para mí, Juan Preciado, está aquí donde estoy ahora. 
-Y tu alma? ¿Dónde crees que haya ido? 
-Debe andar vagando por la tierra como tantas otras; buscando vivos que recen por ella. Tal vez me odie por el mal trato que le di; pero eso ya no me preocupa. He descansado del vicio de sus remordimientos. Me amargaba hasta lo poco que comía, y me hacía insoportables las noches llenándomelas de pensamientos intranquilos con figuras de condenados y cosas de ésas. Cuando me senté a morir, ella rogó que me levantara y que siguiera arrastrando la vida, como si esperara todavía algún milagro que me limpiara de culpas. Ni siquiera hice el intento: aquí se acaba el camino -le dije-, ya no me quedan fuerzas para más. Y abrí la boca para que se fuera. Y se fue. Sentí cuando cayó en mis manos el hilito de sangre con que estaba amarrada a mi corazón..."

"Tengo la boca llena de ti, de tu boca. Tus labios apretados, duros como si mordieran oprimidos mis labios... Trago saliva espumosa; mastico terrones plagados de gusanos que se me anudan en la garganta y raspan la pared del paladar... Mi boca se hunde, retorciéndose en muecas, perforada por los dientes que la taladran y devoran. La nariz se reblandece. La gelatina de los ojos se derrite. Los cabellos arden en una sola llamarada..."

"No sentía calor, como te dije antes; antes por el contrario, sentía frío. Desde que salí de la casa de aquella mujer que me prestó su cama y que, como te decía, la vi deshacerse en el agua de su sudor, desde entonces me entró frío. Y conforme yo andaba, el frío aumentaba más y más, hasta que se me enchinó el pellejo. Quise retroceder porque pensé que regresando podría encontrar el calor que acababa de dejar; pero me di cuenta a poco andar que el frío salía de mí, de mi propia sangre. Entonces se me heló el alma. Por eso es que ustedes me encontraron muerto..."

"Mi novia me dio un pañuelo con orillas de llorar..."

































Hace años la leí por primera vez, la tenía olvidada. En estos días, comentando que es gerundio, hay quienes, sin saberlo, espolearon mi curiosidad. Agradezco el aguijón como pocas veces en mucho tiempo. Y entono un sentido mea culpa...

Pedro Páramo, de Juan Rulfo, la novela. Maravilla... 

miércoles, 18 de julio de 2012

Madiba

No sabrás lo que es una pasión verdadera si te conformas con una vida que es menos de la que eres capaz de vivir. Por favor, no se te ocurra abandonar la partida de tu vida. Y no te conformes con un resultado de tablas, estás jugando tanto a tu favor como contra ti: si pierdes, pierdes por partida doble, si ganas, ganas por partida doble. O infinitamente más. Porque no sólo eres tú el que gana o pierde ya que el resultado afecta a todos los demás.

Hoy cumple noventa y cuatro años, la dignidad intacta. Admirable, una personalidad fascinante, singular. Y entrañable. Nelson Mandela...


Espejos, norte y sur. Y Gabo.

GABO SIN MEMORIA




"Pasé sin transición de las aventuras de Los Cinco a El coronel no tiene quien le escriba. Recuerdo la cara extrañada de Nati, la librera, cuando me vio coger el ejemplar del expositor de Bruguera. “No sé si lo vas a entender”, me dijo y trató de convencerme de que si iba a empezar a leer “cosas de mayores”, tal vez era mejor que me estrenara con Barrio de Maravillas de Rosa Chacel. Desde la suficiencia de mis doce años recién cumplidos, miré con desdén lo que por su portada naif me sonó a novelita para chicas, puse en el mostrador dos billetes de cien pesetas —mis ahorros de varias semanas—, y salí de la tienda con aquel libro, rezando para no encontrarme con mis amigos y tener que darles explicaciones de mi nueva rareza.

Aquí podría exagerar la nota y decir que no volví a ser el mismo tras asistir, página a página, a la espera sin esperanza de Aureliano Buendía, a quien imaginaba con la cara llena de arrugas y el gesto de haberlo vivido todo de mi abuelo paterno. Seguramente, no fue ni para la mitad, porque ya apuntaba maneras de futura alma atormentada —pura pose, no cunda el pánico—, pero algo sí debió de moverse dentro de mi, pues en los meses sucesivos fui invirtiendo mi paga, creo que por este orden, en Los funerales de la Mamá Grande, Crónica de una muerte anunciada, El otoño del patriarca (¡toma ya!) y, finalmente, Cien años de soledad.

La misma profesora de literatura con la que aprendí que todas esas historias que me subyugaban recibían el nombre de “realismo mágico” me descubrió el Pedro Páramo de Juan Rulfo y bajé a Gabriel García Márquez un peldaño de mi pedestal. Luego, me regalaron una edición barata de El perseguidor y otros cuentos de Cortázar con un pétalo en su interior, y volví a relegar a Gabo. Hoy, cuando leo que una maldita enfermedad le anda robando la memoria, por si un día me pasa lo mismo, he corrido hasta aquí a fijar mis recuerdos, que también son suyos."
                                                                                                                   Javier VIZCAÍNO
                                                                                                    -blogs.deia.com
                                                                                                    Publicado el 16 de julio 2012-   
                                                                                                                                                                                         

SIC TRANSIT GLORIA MUNDI, DELIA

Sic transit gloria mundi, Delia... Son las primeras palabras de una novela que me fascinó, Florido mayo. Su autor, Alfonso Grosso, más tarde gran amigo, lo era de Luis Berenguer, el inolvidable autor de El mundo de Juan Lobón, muerto en La Isla de Camarón el 14 de septiembre de 1979. Era el tiempo de los grandes novelistas andaluces, Grosso (Nobel in pectore, lo llamó el maestro Antonio Burgos), Berenguer, Caballero Bonald, Requena, Fernando Quiñones, Manuel Ferrán, Accuaroni, Ortiz de Lanzagorta, Vaz de Soto, Julio de la Rosa... Ruiz Copete, siempre generoso, lo estudió amplia y sabiamente. 

Pero yo no quería hacer la laudatio de una generación magnífica de artistas magistrales sino recordar, al hilo de lo que ahora le ocurre a Gabo García Márquez, que se ha ido, no está, no recuerda nada, no sabe quién es, que algo parecido le sucedió a nuestro Nobel in pectore, al grande Alfonso Grosso. Ya sospechábamos que algo le ocurría. Sobre todo una tarde en que paseábamos lo dos por la calle Columela cuando nos encontramos con Fernando Quiñones. Las relaciones entre ambos no habían sido muy cordiales (y no por el gaditano, siempre amigo, sino por el sevillano, arbitrario de suyo y mucho más con copas), pero ese encuentro fue sorprendente. Alfonso abrazó a Fernando con mucha emoción, para sorpresa de éste, y mostró que nada nunca había ocurrido en el pasado. Fuimos los tres a beber una cerveza y, en un momento dado, Quiñones me dijo: “Si no lo veo, no lo creo, Enrique. Me parece que Alfonso piensa que tú eres Luis Berenguer”. Por algunas otras circunstancias a mí me lo pareció también. Y ya luego empezó a triunfar el tobogán. Hasta que supe, poco después de haber almorzado con él en Sevilla, que había desconectado también, yendo a algunas librerías de amigos sin saber ya quién era, ni con sus libros en las manos, diciendo que decían que esos libros los había escrito él. Como si esto fuera un disparate.

Quizá por haber vivido como propio el drama de Alfonso Grosso, realmente triste y doloroso, ahora lo de García Márquez viene a añadir más tristeza a la tristeza. Tuve la oportunidad de estar en Cádiz con él, cuando Rafael Román logró traerlo a la provincia. Fui uno de los privilegiados que pudo compartir con el colombiano toda una velada amable en donde oímos su sabiduría y vimos su magia de palabras evocadoras y de compromiso con su tiempo. Ahora ya no sabe que es García Márquez, ni recuerda Macondo, Aureliano Buendía ni la tarde inolvidable en la que recibió del Rey de Suecia el Premio Nobel para Colombia, la lengua que nos une, y su propia obra, legado indeleble de la literatura universal. Penoso de verdad un fin así.

                                                                                                                   Enrique MONTIEL
                                                                                              -El Pinsapar - Diario de Cádiz
                                                                                               Publicado el 10 de julio 2012-


En dos palabras

Una mentira en dos palabras: no puedo...




martes, 17 de julio de 2012

Ane: tal cual.

"Si me permitís, voy a reproducir en el blog esta carta que me ha enviado Ane, una periodista donostiarra.

Me llamo Ane. Tengo 25 años. Soy de Donostia, la ciudad en la que vivo con mi novio neozelandés, en un pequeño apartamento de alquiler. Me licencié en Humanidades y Comunicación en 2009 y tuve la suerte de empezar como becaria en un periódico, donde aún sigo trabajando.

Hablo euskera, castellano, inglés e italiano (idioma que aprendí durante mi periodo de Intercambio Internacional en Florencia). Me gusta pasar tiempo con mis amigas, viajar y conocer gente nueva, aprender de cada cosa que me rodea o aparece en mi vida, divertirme en mi tiempo libre, salir a cenar o de fiesta y aprovechar cada minuto. Soy abierta, tengo amigos de todas partes del mundo, de diferentes culturas y países. Soy solidaria, consciente de las distintas realidades que existen en el mundo y comprometida con ellas. Me horroriza cualquier tipo de violencia, me parece lo peor. También soy tolerante y cuido del medio ambiente en mi día a día. Estoy bautizada, pero no me considero católica, yo misma he decidido lo que quiero ser y en lo que creer.

Me preocupa muchísimo mi futuro profesional y el mundo que se nos queda a los jóvenes. Quiero llegar lejos en mi carrera y estoy convencida de que podré hacerlo al mismo tiempo que formo una familia, lo tengo clarísimo.

Soy una chica con criterio, que no se cree lo primero que lee en un periódico o se publica en los medios y que busca más allá de la superficie. Pienso que votar no es sólo un derecho, sino una responsabilidad, por eso trato de hacer ver a mi gente (no sólo personalmente, sino también a través de Redes Sociales como Facebook o Twitter) que se debe votar con la cabeza, analizando cada opción, su pasado, su presente y por supuesto, su forma de hacer política.

Soy vasca, es mi identidad, mi cultura, mi país. Pero no por eso odio lo español. Todo lo contrario. Me parece un país y una cultura tan interesante como cualquier otra. Pero no es la mía. En definitiva, soy como cualquier otra persona joven de Euskadi, una más de miles, igualita.

¿A quién crees que voto?

Con una descripción como la que he hecho de mi misma, la mayoría de la gente pensaría que soy una persona de “izquierdas”. Pero no es verdad. “¿Entonces, qué eres, de ‘derechas’?”, preguntarían. No, tampoco. No soy ni de “izquierdas” ni de “derechas” directamente porque ninguno de esos términos tan simplificados puede referirse a nuestra realidad actual. Son dos conceptos que sí podían servir hace décadas, pero que hoy ya están caducados. Primero, porque los valores que supuestamente defendía la “izquierda” ya están asentados en la sociedad y son parte de ella. Son los valores éticos, morales y humanos que hoy por hoy rigen nuestra sociedad y son base de nuestra educación.

Por tanto, no son exclusivos de la autodenominada “izquierda”, sino de todos los ciudadanos. Y si en la sociedad vasca en la que vivimos ya no existe la “izquierda” es automáticamente imposible que se pretenda contraponerla a la “derecha”.

La realidad es diferente, y por eso los partidos ya no pueden clasificarse en “izquierdas” o “derechas”. ¿Y entonces, por qué son los propios partidos los que usan estos términos? ¿Por qué hay partidos que se denominan a sí mismos de “izquierdas”? ¿Por que esos mismos partidos definen a sus oponentes como de “derechas”? La respuesta es sencilla: por puro populismo.

Sí, es así. Como saben que la mayoría de las personas se identifican con esos valores éticos, morales y humanos (que son ya parte de nosotros), los partidos se apoderan de ellos y los usan como arma para ganar votos. Porque ¿quién no se identifica con la tolerancia, la solidaridad, la defensa del medio ambiente, el compromiso con el futuro, etc. hoy en día? ¿Qué joven de hoy no ha recibido todos esos valores en su educación? ¡Es totalmente absurdo!

Y lo más preocupante… Si un partido se define a sí mismo como de “izquierdas” y utiliza ese concepto como su principal arma como contraposición para lograr votos, estamos acabados. Sí. Porque eso significa que no tiene otra cosa firme que proponer que lo que ya tenemos.

No dejemos que nos confundan. Los términos adecuados no son la “izquierda” y la “derecha” Sino el “progresismo” y el “conservadurismo”. Y de repente ¡pum! la clasificación que teníamos hecha hasta ahora cambia. De pronto, un partido que es considerado de “derechas” por la mayoría pasa a formar parte de los “progresistas”.

Es el caso del PNV, que en todos sus años de andadura ha demostrado no sólo defender todos esos valores éticos, morales y humanos que consideramos “de izquierdas”, sino que ha estado por encima de esa estrategia populista, actuando en base a la realidad y sus necesidades.

Nadie puede negar que el PNV sea un partido que trabaja por el progreso de este pueblo. Y no hablo sólo de progreso económico, empresarial, industrial, científico o de innovación, dónde no cabe duda que lo ha hecho (sólo con fijarse en lo que en ese aspecto es el País Vasco, sobran los argumentos), sino también en otros aspectos más de ámbito social. Gracias al apoyo del PNV, los homosexuales pueden contraer matrimonio y las mujeres decidir interrumpir un embarazo que no desean, o quedan cubiertas por las instituciones las necesidades de los más desfavorecidos. Sus decisiones van más allá de la mera ideología. Es un partido realista que toma un camino u otro en función de lo que necesite la sociedad para evolucionar en cada momento.

¿Cuál es el problema entonces? ¿Por qué cuesta tanto darse cuenta de ello? Por dos motivos:

Porque se le ha considerado siempre de “derechas”, por los ideales bajo los que fue creado el partido (recordemos que ha llovido mucho, muchísimo desde entonces) y porque los partidos de la oposición han trabajado y muy duro en trasladar a la ciudadanía ese concepto para ganar votos para sí mismos.

Porque el PNV no se ha esforzado en romper con esa imagen tradicional con la que lo describen el resto de partidos. En la acción es progresista, pero no en la forma de darla a conocer. Usando términos en sus discursos como “fe” en vez de confianza o “senda” en vez de dirección, se echa piedras a su propio tejado. Lo hace también en su imagen, en su forma de organizar eventos, etc. Tiene que ser más actual en las formas, porque la sociedad y la cultura vasca son también más actuales. El arte vasco no son sólo los clásicos o los contemporáneos como Chillida u Oteiza, hay mucho más. Miles de artistas emergentes que están haciendo grandes cosas. Apoyarlos e identificarse con ellos sería lo ideal.

En definitiva, el PNV necesita romper con la equivocada imagen que tiene mucha gente del partido. En este juego, no vale sólo con hacer, hay que mostrar esas acciones y de forma correcta.
Por esta declaración de principios, cualquier persona podría deducir rápidamente que soy progresista. Sin embargo, muy pocos acertarían al contestar a mi pregunta “¿A quién crees que voto?”. Y lo que es peor, estoy convencida -porque lo veo a mi alrededor- de que hay miles de vascos que son exactamente iguales a mí en valores e ideología, en su forma de vivir la vida, pero que no se sienten identificados con el PNV. ¿Por qué? Porque jamás han hecho el esfuerzo de analizar el pasado, el presente y la forma de hacer política del PNV ni del resto de partidos. Se han quedado con lo que les han dicho y han leído y punto.

Así que, la respuesta es sencilla: pónganselo fácil. Muestren su pasado y su presente, su forma de hacer política, háblenles de manera clara, con palabras simples y fáciles de entender, pero sin perder la seriedad (no hay nada más ridículo que un político que trata de hacerse el guay entre los jóvenes). Comuniquen a través de otros canales, como actualmente lo hacen en Facebook o Twitter, muéstrense como las personas normales que son. Y entonces, habrá miles de jóvenes más que confiarán en el PNV por ser un partido progresista que durante todos estos años ha conseguido llevar a Euskadi, honradamente y a base de trabajo, a lo más alto, en todos los ámbitos."

Del BLOG personal de Iñigo URKULLU.
-17 julio 2012-