mi茅rcoles, 13 de agosto de 2014

lunes, 11 de agosto de 2014

No hay fortuna que valga...

























 No le ofreci贸 la luna, le dijo s贸lo... qu茅date conmigo, no hay fortuna que valga el coraz贸n que te dar茅...

domingo, 10 de agosto de 2014

Irungo Euskal Jira








































Asier Martiarenaren ekipoak egindako lanagatik zoriondu eta eskertu ondoren, "etxeko" ekipoari zeozer esan behar diot ere, ea ba...
Javier, Mariascen, Fernando, Nines, Maricarmen, Patxi, Esther, Tatxen, Maisol, Estitxu, I帽aki, Manoli, Gorka, Helena, Manci, Miguel 脕ngel, Xabier, Mariasun, Javier, Enrique, Josune, Koldo, Maitere eta abar... eskerrik asko!!! Gainera beste bandera bat ekarri dugu etxera, Ama Guadalupeko trainera Moa帽ako estropandan  nagusi izan dela eta...
Zelako eguna gaurkoa, itzela!!!

Zerua...

mi茅rcoles, 6 de agosto de 2014

Los pantalones de Joana

______ Me he encontrado entre archivos viejos del ordenador (que es como el ba煤l de los recuerdos moderno) este relato al que le tengo cari帽o... Primero porque es true story, segundo porque lo escrib铆 horas antes de conocer a I帽aki y tercero (aunque puede sonar pretencioso) porque pienso que puede hacerle sentirse mejor a quien alguna vez se haya desesperado buscando ropa en la que caber...                                                                                                                          
                                                                                                                                 Joana OCHOTECO
https://www.facebook.com/notes/joana-ochoteco/mis-pantalones-favoritos/10152569621664647


















                                                 MIS PANTALONES FAVORITOS

"Tengo unos pantalones que ya nunca me pongo pero de los que jam谩s me deshar茅. Son negros, rectos y de algod贸n. Y tambi茅n enormes. 
Cuando los compr茅 ten铆a veinti煤n a帽os y una talla 46. Sal铆 de casa a primera hora de una tarde de oto帽o para ir de compras, yo sola. La primera parada fue Zara: un arco iris de chaquetas, la gama crom谩tica entera reflejada en jerseys por lo dem谩s id茅nticos. Vaqueros de todas las formas y colores, pero nada por encima de la talla 42. 
Ni siquiera lo intent茅 en la secci贸n de pantalones. Encontr茅, de puro churro, alguna camiseta dudosamente etiquetada como XL que convert铆a mi abdomen en un espect谩culo de flaccidez contenida, mi pecho en algo tan obvio que me avergonzaba. Me la quit茅, la dej茅 sobre el mont贸n de ropa junto al probador y sal铆 de all铆 pitando. 
Luego fui a Bershka y fue peor. Prefiero ahorrarles los detalles, apenas recuerdo una minifalda en la que uno s贸lo de mis muslos se hubiera sentido oprimido.
A Pull & Bear llegu茅 sin demasiadas esperanzas y avergonzada. Era consciente de mi talla y peso, pero creo que hasta ese d铆a nunca me hab铆a sentido tan humillada por mi propio cuerpo, tan conscientemente gorda en un mundo que te programa para creer que debemos lucir y explotar la plenitud de un modelo de belleza impuesto. La 煤nica plenitud all铆 era la de las prendas que me probaba, y m谩s que plenas parec铆an a punto de reventar.
Y les confesar茅 que cuando sal铆 de la tercera tienda no iba llorando, pero casi. De esas veces que te arden los ojos y se te cierra la garganta, pero el motivo de tu tristeza te resulta tan est煤pido que no te permites llorar. Esa misma tristeza y el deseo de que se me tragase la tierra me arrastraron hacia cierta calle peatonal donde hay varias tiendas de ropa; no franquicias de multinacionales, pero tiendas de ropa al fin y al cabo. Y entr茅 en una. Porque a veces la vencida no es la tercera, supongo
No les he dicho que las dependientas flacas y et茅reas de Zara, Bershka y Pull & Bear me lanzasen miradas mezcla de desprecio y compasi贸n. Quiz谩 hubiera casado con el contenido de este relato, pero es que no ocurri贸 as铆. Yo creo que, pese a mi tama帽o, ni me vieron. Pero en aquella cuarta tienda hab铆a una dependienta, tambi茅n flaca aunque m谩s terrenal, que se me acerc贸 con una sonrisa encantadora y me ofreci贸 su ayuda. Le cont茅 lo que hab铆a: que estaba buscando ropa nueva, pero que no encontraba nada mi talla. “¿C贸mo que no?", me dijo, y parec铆a genuinamente extra帽ada. “Vas a ver, tengo un mont贸n de cosas que van a sentar fenomenal".
No recuerdo exactamente sus palabras, pero s铆 la sensaci贸n que me transmiti贸: que tanto ella como yo, veintea帽eras separadas por diez tallas y decenas de kilos, ten铆amos el mismo derecho a entrar en un pantal贸n y a sentirnos guapas. Ni rastro de compasi贸n o falsa amabilidad; s贸lo su convicci贸n de mi derecho a encontrar unos pantalones que me sentasen bien. Y all铆 estaban: negros y rectos, con un detalle de tachuelas a la altura de los tobillos y una cremallera in煤til en el bolsillo delantero. Me encantan las tachuelas y las cremalleras que no abren ni cierran nada, s贸lo adornan. Me encantaron aquellos pantalones de la talla 46, que se ajustaban a mi tripa sin aplastarla, que marcaban mis piernas sin embutirlas. Cuando sal铆 de nuevo a la calle segu铆a pesando 90 kilos pero, ¿saben qu茅? Me sent铆a bien. No tanto como guapa, tampoco nos enga帽emos, pero s铆 bien.
F铆jense si me sent铆a bien que camin茅 durante un buen rato, disfrutando del tacto de aquel algod贸n que no oprim铆a. Camin茅 aquel d铆a, y al siguiente, y tambi茅n al siguiente. Incluso empec茅 a salir m谩s, y no s贸lo a andar, sino tambi茅n a bailar, re铆rme y a disfrutar de la vida en general. Y de una buena napolitana de chocolate de vez en cuando. Vamos a ver, no fue s贸lo por aquellos pantalones sino que confluyeron varias circunstancias; pero la m谩s simb贸lica de todo el proceso fue aquella compra.
Fueron mis pantalones favoritos durante bastante tiempo, pero ya no. Seis a帽os despu茅s, mis predilectos son unos vaqueros oscuros, gastad铆simos de tanto pon茅rmelos. Son de la talla 38. Y es que f铆jense si camin茅 con aquellos pantalones negros, que en a帽o y medio me dej茅 treinta kilos en el camino. Por eso ya nunca me los pongo, porque se me caer铆an y no es plan.
Pero los conservo. Primero porque me encantan, segundo porque qui茅n sabe si no volver茅 a encontrarme con esos treinta kilos en alguna encrucijada a la que me arrastren demasiadas napolitanas, y tercero para recordarme a mi misma que una chica no necesita caber en una talla 38 para sentirse guapa. S贸lo necesita unos pantalones que le sienten bien, unos pantalones con los que caminar sonriente por el mundo."