sábado, 27 de noviembre de 2010

AGUR TERESA...

Después de toda una vida cuidando de los suyos, y un poco de los demás, este mes desapacible de noviembre, aunque no lo sabíamos, tocaba dejarles marchar.
Se nos ha muerto Teresa, hace sólo unas horas, la amatxo de Luis, mi compañero de randonnées, rutas y montañas, de mi querido Bortxi. Elena, que me dice la ama que no lleves almuerzo, que lo prepara ella... esos bocatas de tortilla de chorizo y jamón, grandes y jugosos, eran para su hijo pero también para mí... ay... no sé qué le voy a decir... ¿Qué decir? Que le quiero. Y que Teresa, también mi ama, se han ido junto a quienes se fueron antes, como si volvieran a casa. Y que duele, pero estamos aquí. Hay que seguir.

Urolategi’ Teresa anderea, ene maitia, goian bego. AGUR!




















‎"Del árbol de mi vida/ caen, una a una, las hojas./ Lo que hoy aún arde/ se extinguirá muy pronto./ Vendrá a inclinarse/ la madre sobre el niño./ Ver otra vez sus ojos quiero,/ su mirada es mi estrella/ ya puede todo lo demás borrarse,/ todo muere, todo quiere morir./ Sólo la madre eterna queda/ la que nos trajo./ Su dedo travieso escribe,/ en el aire huido nuestro nombre..."


-NOVIEMBRE de Herman Hesse-


miércoles, 24 de noviembre de 2010

LA MAR

Si alguien me preguntara sobre mi primer recuerdo a todo color no tendría dudas… el mar. Y no cualquier mar, no, el mar de Hondarribi. Ese mar azul oscuro que va y viene mientras camino, resuelta y sin miedo, cogida de la mano de mi aita, por el ancho pretil que recorre la línea de costa de la playa del Onyarbi de mi niñez hasta el viejo puerto refugio. Mi primera sensación… nostalgia, tal vez. Pero enseguida pasa, porque el mar permanece. Es una constante en mi vida, junto con la montaña. Y como este txoko en el que he nacido es generoso con sus hijos, no tengo por qué elegir, que ofrece y me lo da todo. Mi segunda sensación, pues, plenitud, pertenencia, me siento en casa…
 

Y en mi casa el mar es femenino, porque es tierra de pescadores y traineras. La mar de los arrantzales viejos de la Cofradía de Mareantes de San Pedro y los barcos pintados de rojo, verde o azul, el mismo color que las casas del Barrio de la Marina, con sus peskateras en la calle, vendiendo antxoas recién desembarcadas. La mar de la vieja venta, del paseo Butrón y el espigón que discurre paralelo al de Hendaia, la mar que primero es ría, la ría del Bidasoa, l’autre côté, Iparralde… más sensaciones… en la mar no hay fronteras.

Del mar me gusta casi todo… el olor a salitre, la brisa, las mareas, el sonido del agua cuando está en calma y cuando no, la barra sobre el horizonte, los faros, el espejo en el que se convierte por la noche, “la luna sobre el mar riela” como en el verso de Espronceda… Aunque nada hay comparable a sentarse y mirar, allende el mar, desde la atalaya natural de Aiako Harria. Que en esa roca mil-milenaria, con la bahía de Txingudi frente a mí, puedo ver el Mar Externum de los romanos y el Golfo de Vizcaya de los vascos viejos. ¿Sensaciones? Entonces, todas. El tiempo se para y me siento empequeñecer. Y me encanta…



domingo, 21 de noviembre de 2010

Ernest Lluch, duela hamar urte...


Conocí a Ernest Lluch con motivo del homenaje a Lluis Companys que celebramos en Irun en agosto del año 2000. Lo que comenzó siendo una cosa de andar por casa se convirtió en algo mucho más grande, con una sentida representación en el viejo puente internacional de Santiago, el mismo en el que la policía alemana entregó al President en 1940 a los franquistas. Yo formaba parte del comité organizador a nivel municipal, de la mano del Alcalde de Irun, mi querido Alberto Buen, junto a Nestor Basterrechea, Fernando San Martín, Toni Strubell y Lourdes Villagrán, al que luego se incorporó el mismo Lluch, todo un lujo. Era un tipo sencillamente encantador, con esa pinta entre despistado y sabio, que lo era, ambas las dos. Nunca pensé que, sólo tres meses después, tuviera que llorarlo porque unos etarras malnacidos lo asesinaran como a un perro, por la espalda, malditos hijosdeputa… 

Aquella multitudinaria manifestación de Barcelona, en la que una emocionada pero serena Gemma Nierga se saltó el guión con unas palabras que dejaron de piedra a algunos de la primera fila pero arrancaron una de las ovaciones más sentidas que yo recuerdo, me sacudió el alma… estoy convencida de que Ernest, hasta con la persona que le mató, habría intentado dialogar; ustedes que pueden, dialoguen, por favor… 


Hoy hace diez años de la muerte de Ernest Lluch, asesinado por ETA. Ohore!!! 

Goian Bego.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Oroimenak, kantuak, eranskinik behar ez duten irudiek...












Enriquek dion bezalaxe, oroimenak, kantuak... eranskinik behar ez duten irudiek.

Hace treinta y cinco años...

Hoy se cumplen 35 años de la muerte del dictador. Ese viejo entubado, pellejo y hueso, en lo que se convirtió seguro que había muerto ya semanas atrás, agonizante, como su régimen. Y en esos días en los que se moría pero no, España vendió el futuro de los saharauis por menos de nada y, entre otras causas aún pendientes, de aquellos barros estos lodos de hoy. El Borbón entonces no era rey pero se paseaba por palacio y presidía reuniones oficiales con adeptos al régimen y adictos al poder. Y me pregunto, 35 años después... ¿por qué no dice nada? ¿por qué no alza su voz soberana en defensa de los derechos humanos de los que entonces eran españoles, como él? Y ya puestos… ¿por qué no lo hace también en defensa del honor y la memoria de aquellos que, 35 años después, siguen enterrados en fosas comunes y al borde de las cunetas?

El tango aquél erró su letra al cantar que veinte años son nada, que treinta y cinco son, para según qué, menos aún…